viernes, 25 de octubre de 2013

RECORTES EN SALUD MATAN

LOS RECORTES EN SALUD MATAN



Declaración de la COGRESAP, 23 DE OCTUBRE 2013


Luego de la jornada de lucha del 22 de octubre, en continuidad de las que venimos realizando desde principios de julio y de la masiva Marcha Blanca del 7 de Agosto,  frente a la grave crisis en la Salud Publica en la C.A.B.A, que pone en peligro la atención de la población, y ante la falta de repuesta del gobierno y el silencio de los gremios paritarios, la COGRESAP  denuncia que:

·         Desde el mes de junio se rebaja arbitrariamente el salario a 16000 profesionales de la salud.
·         Se desfinancian puestos de trabajo ya concursados, en una nueva forma de “despido encubierto” que promueve el trabajo en negro.
·         Se subejecuta el presupuesto de Salud
·         Se recortan los planteles de guardia y planta
·         Se demora el pago a residentes durante meses
·         Los concurrentes son profesionales que se desempeñan en condiciones precarizadas, sin salario ni derechos laborales.
·         Se denigra a la enfermería como profesión, con bajísimos salarios e impidiendo su ingreso a la carrera profesional.
·         Se incumplen las leyes de salud mental
·         Se incumple la carrera profesional, no se respetan sus categorías y se la reemplaza por un insuficiente “coeficiente técnico”.
·         Se cierran servicios y camas de internación.
·         Escasean insumos básicos, medicación y elementos para estudios complejos.
·         Se inauguran aparatos y servicios que no pueden funcionar por falta de recurso humano.
·         Hay falta de seguridad y mantenimiento edilicio.                                                                      

Estamos enfrentando un plan sistemático de destrucción de la Salud Pública.

El Hospital  Público, los pacientes y los trabajadores de la salud, no podemos esperar eternamente por soluciones que deben ser urgentes: los profesionales no hemos recibido ningún aumento durante el 2013, los enfermeros no han ingresado en la carrera profesional, quienes tienen un cargo desfinanciado están sin cobrar al igual que los residentes y concurrentes.

Los gremios que con sus equipos técnicos, desde el principioreconocieron y avalaron el “error” del GCBA, y así convalidaron la rebaja salarial, desalentaron permanentemente nuestros justos reclamos; sin embargo, ante la repercusión de nuestra movilización reflejada en asambleas, amparos judiciales, protestas regionales, marchas multitudinarias, comunicados y denuncias, esos mismos gremios, que ayer nos dieron la espalda, hoy están negociando a escondidas alguna salida que les permita salvar las apariencias.

Nuestra lucha ha logrado poner a la salud Pública en agenda y frenar el pretendido descuento retroactivo. Exigimos soluciones ya.

Convocamos a todos a seguir movilizándonos en defensa del hospital público.
COGRESAP (Coordinadora Gremial por la Salud Pública) Asociación de Bioquímicos de la Ciudad de Buenos Aires (ABCBA)
Asociación Gremial de Odontólogos de la Ciudad de Buenos Aires (AGOCIBA)
Asociación de Psicólogos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (APGCABA)
Asociación de Licenciados en Enfermería (ALE)
Frente de Recuperación Gremial en el Comité Ejecutivo de la AMM
Asociaciones
 de Profesionales de los Hospitales Alvear, Álvarez, Ameghino, Borda, Sardá, Tobar García.
Agrupaciones de los Hospitales Álvarez (FRG), Fernández (FRG), Moyano (CyP), Tornú (RyP-Tornú), Zubizarreta.
Profesionales autoconvocados de Hospitales y Centros de Salud (Durand, Elizalde, Penna, Piñero, Vélez Sarsfield, Ramos Mejía, Argerich)

lunes, 21 de octubre de 2013

USTEDES...NOSOTROS. VIOLENTOS. POBRES.LUMPENES. PODEROSOS.

¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio... ¿Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica… Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo.
Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en "super stars" del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos "globales". Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros "clientes". Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos. Yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía... ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros?... Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social – dijo “Marcola”, Marcos Camacho, jefe del denominado Primer Comando de la Capital de San Pablo, en una entrevista publicada por el diario “O Globo”, el 23 de mayo de 2008. La misma organización criminal que en los últimos días lanzó una amenaza de convertir la Copa FIFA del año próximo en el “Mundial del terror”.

Carlos Del Frade (APE). Argenpress
.Pintura: Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo (1819-1823)

sábado, 19 de octubre de 2013

TABACO sobre el cuerpo

FELIZ DIA MADRE. OTRA MIRADA

El amor de la madre es incondicional
 y también es omniprotector y envolvente; 
como es incondicional, tampoco puede controlarse o adquirirse. Su presencia da a la persona amada una sensación de dicha;
 su ausencia produce un sentimiento de abandono y profunda desesperación.
 Puesto que la madre ama a sus hijos porque son sus hijos, y no porque sean «buenos», obedientes, o cumplan sus deseos y órdenes, el amor materno se basa en la igualdad. 
Todos los hombres son iguales, porque son todos hijos de una madre, porque todos son hijos de la Madre Tierra.

Fromm muestra la diferencia en que una madre y un padre aman a sus hijos, mientras que el amor de un padre es condicionado y por lo general está relacionado con la obediencia porque el padre cree ver su misma imagen en el hijo, el de una madre no requiere condición alguna, existe por la mera relación de la madre con su hijo. (1)
Morgan realizó descubrimientos muy parecidos, algunos años después que Bachofen, pero estudiando sociedades diferentes, ambos concluyeron que en varias fases de la historia primitiva existieron culturas que se organizaban en torno a la madre y se adoraba a diosas vinculadas con la fertilidad de la naturaleza que era uno de los valores más importantes en las ideas religiosas predominantes. (2)
La religión matriarcal juega un rol similar al del amor materno que siempre es incondicional y protector, que además se basa en la igualdad de todos sus hijos. Llegada la etapa patriarcal la madre perdió su papel predominante y pasa a ser el padre quién desempeñe el papel supremo, siendo éste quien dicte las leyes y normas, es decir el que  establece las obligaciones. A partir de ese momento para conquistar su amor era necesaria la sumisión y la obediencia, y siempre preferirá a aquel hijo que más se le parezca. La sociedad patriarcal es esencialmente jerárquica, se pierde la igualdad y comienza la competencia para obtener las mejores posiciones dentro de la familia y la sociedad, el desarrollo de la sociedad patriarcal avanzó paralelamente al crecimiento de la propiedad privada. (3)
Fromm fue un firme defensor de los derechos de la mujer, por eso se mostró siempre entusiasmado por las conclusiones de Bachofen, así lo expresó: “La comprensión plena de esta ideología patriarcal exigiría un análisis más detallado. Baste decir que las mujeres constituyen una clase dominada y explotada por los hombres en todas las sociedades patriarcales; como todos los grupos explotadores, los hombres dominantes deben producir ideologías a fin de explicar su dominación como natural, y por lo tanto necesaria y justificada. Las mujeres, como la mayoría de las clases dominadas, han aceptado la ideología masculina,  aunque en privado sustentaban sus propias ideas contrarias. Parece que la liberación de la mujer comenzó en el siglo XX, y que va acompañada por un debilitamiento del sistema patriarcal en la sociedad industrial, aunque ni siquiera hoy existe en país alguno una igualdad total, de facto, de las mujeres”. (4)
Según Bachofen los principios sobre los que se basaban las sociedades matriarcales eran la vida, la unidad y la paz. Al cuidar de los niños la mujer extiende su amor más allá de ella misma hacia otros seres humanos, el principio del matriarcado es la universalidad, la hermandad entre los hombres y tiene por elementos fundamentales los de la libertad y la igualdad, por el contrario el patriarcado se basa en imponer restricciones y en establecer una rígida jerarquía.
Durante el siglo XX hubo un avance importante tanto en los derechos de la mujer como en el de los niños, estos últimos encontraron voceros destacados en Pestalozzi, Freud y otros que señalaron que los niños tienen voluntad y pasiones propias que deben ser consideradas con mucha atención, uno de ellos fue el compañero de luchas de Fromm, el Dr. Benjamín Spock. En tanto los adolescentes exigen ser escuchados y ser sujetos activos en las pautas que determinan sus vidas, atacando vigorosamente la autoridad patriarcal. (5)
Bachofen rescataba valores como el respeto a los muertos y los antepasados, rasgos que caracterizaban a las sociedades matriarcales e indicaba que era un factor importante para dichas sociedades el amor por las tradiciones. (6)
Otro elemento fundamental estaba dado por la preocupación por el bienestar material y por la felicidad terrenal del hombre, también dicha sociedad tenía metas y propósitos que podrían definirse como “socialistas” en tanto no existían elites cuyo interés primara  sobre el resto, el amor y la comprensión eran principios dominantes, el daño a un semejante era un pecado grave y no existía la propiedad privada. (7)
En esas épocas primitivas las relaciones eran promiscuas por lo cual el único parentesco seguro era el de la madre, esa circunstancia le otorgaba autoridad tanto en el seno de la familia como en la sociedad, también esa situación se transfirió a la religión donde predominaban las deidades femeninas. Cuando los hombres impusieron el patriarcado, se estableció la monogamia, la autoridad del padre, el papel predominante de los hombres y los dioses fueron masculinos.(9)
Pero Fromm prefería hacer hincapié en otro aspecto: “Ante todo, había descubierto un período en el que la mujer era la autoridad y el centro de la sociedad, antes que la esclava del hombre y un objeto de trueque: ello otorgaba un importante respaldo a la lucha por la emancipación política y social de la mujer”.
Avanzó aún más al indicar que la familia patriarcal es un factor primordial para sostener la estabilidad de la sociedad dividida en clases, donde además se asienta un principio de autoridad por el cual el deber es mucho más importante que la dicha, y que en este sistema el miedo juega un rol casi imprescindible para mantener a los súbditos dóciles ante la autoridad.
Bachofen mostraba los aspectos beneficiosos de aquella lejana sociedad matriarcal: “Al cuidar a sus hijos, la mujer aprende antes que el hombre a extender sus amantes cuidados más allá de los límites de su yo hacia otra criatura, y a dirigir los dones de invención que posee a la conservación y mejoramiento de la existencia de ese otro”.
Y continuaba describiendo : “ Pero el amor que nace de la maternidad no es sólo más intenso sino también más universal…En tanto que el principio paterno es intrínsecamente limitativo el principio materno es universal; el principio paterno implica limitación a grupos definidos, pero el materno, como la vida de la naturaleza, no conoce barreras”.
“Las culturas matriarcales presentan muchas expresiones y aún formulaciones jurídicas, de este aspecto del principio materno. Es la base de la libertad e igualdad universales, tan frecuentes entre los pueblos matriarcales, de su hospitalidad y de su aversión a las restricciones de toda índole…”. (10) 
Bachofen también demostró que la sociedad matriarcal se caracterizó por la preeminencia de los lazos de sangre y del suelo, y la aceptación de los fenómenos naturales. En cambio la sociedad patriarcal tiene como factores principales el respeto por la ley, el predominio del pensamiento racional y el esfuerzo del hombre por modificar los fenómenos de la naturaleza.
Mientras en el matriarcado todos los hombres son iguales ya que la madre ama por igual a todos sus hijos y no por el mérito realizado, el objetivo es la felicidad y la vida es un valor en sí mismo. En el patriarcado la obediencia es la principal virtud, existe un hijo favorito y la sociedad es jerárquica.
No queremos dejar de señalar que sin duda Bachofen idealizaba a esas sociedades primitivas, pero esto no puede ocultar la importancia de sus descubrimientos y mucho menos dejar de rescatar sus conclusiones imprescindibles para reivindicar derechos que les fueron negados a las mujeres a través de los siglos.
También surgieron datos aportados por otros antropólogos que establecieron que la sociedad neolítica era relativamente igualitaria, sin jerarquías, ni explotación, ni con una tendencia marcada hacia la agresión, algunas de esas sociedades tenían una estructura matriarcal coincidiendo esto con que, en general eran pacíficas, Bachofen extiende estas características a todas las sociedades matriarcales.    
Fromm recurrió a la Antígona de Sófocles para mostrar esa lucha entre los valores del matriarcado y el patriarcado, Creón uno de los personajes expresa la obediencia como valor supremo, en tanto la solidaridad y el amor quedaban en un segundo plano. 
Dice Creón: “Si, hijo mío. Esta debe ser la ley fija de tu corazón: obedecer, en todas las cosas, la voluntad de tu padre. Por eso todos los hombres oran pidiendo que los rodeen en sus hogares hijos obedientes, y que paguen con mal a los enemigos de su padre, y honren, como hace su padre, a sus amigos”.
Y continuaba su discurso en defensa de la obediencia ciega: “… cualquiera que nombre la ciudad, ese hombre debe ser obedecido, en las cosas grandes, y en las chicas, en las justas y en las injustas; y estaré seguro que el que así obedezca sería tan buen gobernante como es buen súbito…”.
Y para que no quedaran dudas, decía Creón: “Pero la desobediencia es el peor de los males es lo que arruina a las ciudades; devasta al hombre; las filas de los aliados se quiebran en veloz derrota; pero las vidas de línea honesta deben en gran parte su seguridad a la obediencia. Por eso debemos sostener la causa del orden, y no tolerar de ningún modo que una mujer nos derrote. Es mejor caer, si es preciso, por el poder de un hombre; y no ser llamados más débiles que una mujer”. (13)
Antígona y su prometido Henón representan los valores del matriarcado, en tanto Creón quien era padre de Henón, defendía los valores del patriarcado y la autoridad.   
La Biblia ya comienza estableciendo el principio del dominio patriarcal y elimina cualquier huella de sociedades anteriores con características matriarcales. Con la expulsión de Adán y Eva del paraíso quedó establecido el dominio del hombre sobre la mujer. (14)
Tanto en Grecia como en Palestina se encuentran sociedades organizadas patriarcalmente que han surgido victoriosas de una sociedad anterior con rasgos matriarcales. Los griegos sentaron las bases del desarrollo intelectual del mundo occidental, dejando establecida la plataforma para el pensamiento científico, desarrollaron la filosofía y crearon la teoría del Estado y la sociedad como continuidad de la surgida en Roma ya que en esta no pudo continuar su evolución progresista estancándose en el siglo IV cuando fue creada la Iglesia Católica. (15)
(1) El amor a la vida, pag. 169  
(2) La condición humana actual, pag 34
(3) El arte de amar, pags. 68 y 69
(4) La crisis del psicoanálisis, pag. 65  
(5) Ob. Cit., pags. 122 a 125
(6) Ob. Cit., pags. 130 a 133
(7) Ob. Cit., pag. 141
(8) Ob. Cit., pags 144 y 145
(9) El lenguaje olvidado, pag. 154
(10) La crisis del psicoanálisis, pags 148, 149 y 150
(11) El lenguaje olvidado, pags. 147 y 148
(12) Ob. Cit., pags 155 y 156
(13) Anatomía de la destructividad humana, pags 167 y 168
(14) Ob. Cit., pags 174 y 175
(15) Psicoanálisis en la sociedad contemporánea, pags. 51 y 52
(16) ¿Tener o ser?, Erich Fromm, Fondo de Cultura Económica, 1980, pag. 138

miércoles, 9 de octubre de 2013

SALUD MENTAL

10 de octubre. Día mundial de la salud mental: Salud mental. Una pregunta abierta

  Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

El título del presente Simposio es por demás de provocativo: “Salud mental: ¿es posible una intervención en nuestra ciudad?”. La forma en que se formula una pregunta puede deslizarnos ya hacia su respuesta. Eso, en definitiva, fue lo que enseñó Sócrates hace dos milenios y medios en la Grecia clásica: la pregunta contiene ya el germen de la respuesta.

La pregunta que da título a este encuentro puede ser la invitación a abrir una crítica, profunda y constructiva, o puede cerrar la discusión. Esto depende de cómo la tomemos. ¿Es posible intervenir en salud mental? Preguntémoslo al revés. Quienes estamos aquí esta mañana hacemos parte del oficio de los trabajadores de la Salud Mental. Es decir: nuestra práctica cotidiana se relaciona justamente con este campo. Preguntémonos mejor: ¿qué estamos haciendo? ¿Sirve nuestra práctica? ¿A quién y de qué manera sirve? ¿Por qué es necesario y pertinente intervenir en el campo de la Salud Mental en un contexto urbano como el de la ciudad de Guatemala?

Así planteada, la pregunta abre varios cuestionamientos. El primero, y sin dudas más importante, es acerca de qué entendemos por Salud Mental. En segundo lugar, pero no menos trascendente, deberíamos ver qué hacemos en torno a ella, qué hacemos cuando intervenimos. Pero desde ya adelantemos que sí, por supuesto que sí, partimos de la convicción que es posible intervenir en ese campo. Posible, y necesario. ¿Qué otra cosa estamos haciendo si no día a día quienes nos movemos en esto?

Si se nos permite, podríamos parafrasear aquello que dijo Jacques Lacan en su Seminario 10, “La angustia”: “La cura viene por añadidura”. Formulación que causó revuelo y llevó a considerar a más de uno que había un cierto desdén por la práctica clínica en la formulación del psicoanalista francés. Por todo lo cual el mismo Lacan aclaró, a la semana siguiente de esa formulación, que eso debía entendérselo en su contexto: para quienes se dedican a la práctica clínica, la intervención terapéutica está en el centro de su actividad, es el centro de su quehacer. Si bien hay que cuidarse de lo que Freud llamó el “furor curandi”, esa manía de creer que todo es diagnosticable y curable (¿decimonónico mito positivista?), la razón de ser de quienes trabajamos en este ámbito, tiene que ver con la salud. Entonces, reformulando la cuestión, deberíamos decir: ¿para qué nuestras intervenciones? ¿Para qué hacemos lo que hacemos como trabajadores de este oficio? Dado que el horizonte de lo terapéutico, o en otros términos: dado que una determinada noción de salud está siempre presente, ¿para qué trabajaríamos si no fuera posible plantearse la salud mental, o la salud en definitiva, como un bien integral?

Todo esto nos lleva, una vez más, a la pregunta de fondo: salud mental, ¿qué entender por eso?

Salud Mental: concepto problemático, intrincado, polémico, porque no es una noción médico-biológica. Ponernos de acuerdo en torno ella implica abrir cuestionamientos sobre la ideología, sobre los poderes. La noción de “normalidad” en este dificultoso y siempre resbaloso campo de la Salud Mental no es un asunto bioquímico, anátomo-fisiológico. Por eso cuesta tanto definir qué hacer y qué no hacer cuando se interviene ahí. Medicar, practicar electroshocks o promover la prevención y grupos de contención no son cuestiones sólo biomédicas. Como no lo son, sólo por tomar algunos ejemplos orientadores sobre los que volveremos, la homosexualidad o la tortura, ámbitos que nos convocan y nos preguntan.

¿Qué es ser un enfermo mental? Esa es otra manera de preguntar por la Salud Mental. Se consideran enfermos a quienes no entran en la norma. Y ahí nacen los problemas: el paradigma para determinar quién entra en esa norma y quién no, es una delicada cuestión ideológica. En la antigüedad clásica griega la homosexualidad era un privilegio, un lujo de los aristócratas varones. No de las mujeres, aunque fueran aristócratas; no de los plebeyos, aunque fueran varones. Hasta hace algunos años era una entidad patológica en las clasificaciones de las Enfermedades Mentales (el CIE, el DSM estadounidense). Hoy día ya no lo son. ¿Son una opción sexual? ¿Sería mejor decir “una tendencia”? ¿O constituyen un pecado?..., pues hay gente que sigue pensando eso. Y si es un pecado, ¿es venial o mortal? Como vemos, no se trata de referentes biomédicos los que lo deciden.

¿Y la tortura? ¿Es normal practicarla? Se la condena por todos lados, pero sabemos que hace parte de las prácticas comunes de las distintas fuerzas armadas en cualquier parte del mundo, y día a día mejora sus técnicas de aplicación. ¡Hasta existe una tecnología militar que enseña cómo resistirla en casos extremos! ¿Hay que ser un enfermo mental, un psicópata perverso para dedicarse a ella, o hace parte del entrenamiento normal de un guerrero contemporáneo?

Sólo por ejemplificarlo con dos casos paradigmáticos –y con ellos abrir el debate– puede verse que las conductas humanas son mucho más complejas que simples respuestas a estímulos. ¿No hay deseo acaso? Todos sabemos que si fumamos podemos contraer cáncer… pero la gente fuma. Y todos sabemos que si se mantienen relaciones sexuales con un desconocido sin protección hay alto riesgo de contraer enfermedades infecto-contagiosas, VIH incluido. De todos modos, 3,000 personas por día contraen este virus a nivel mundial, en muchos casos debido a prácticas sexuales de riesgo. ¿Puede explicar eso algún dispositivo instintivo-biológico? Y así podríamos plantearnos una lista enorme de preguntas/problemas: ¿por qué ser “sexoservidora” no ofende tanto, pero ser “puta” sí? ¿Y qué fuerza “instintiva” decide el racismo? ¿Cómo entender, desde disparadores biológicos, la monogamia oficial de Occidente –que incluye “canitas al aire” extraoficiales– o el harem de la tradición musulmana?

A partir de presupuestos biológicos centrados en el campo de la enfermedad, en el proceso mórbido que rompe una normalidad, una homeostasis, se pudo haber construido toda una edificación diagnóstica que sanciona quién está “sano”, quién está “en equilibrio”, y quién se sale de esa norma. Y ahí tenemos el nacimiento de la psiquiatría clásica. Decir esto no es nada nuevo; ya se ha dicho y criticado en infinidad de oportunidades. Pero nunca está de más recordarlo. Las clasificaciones psiquiátricas se basan en una preconcebida –y nada crítica– idea de normalidad. De ahí que cualquier cosa que se aleje del paradigma propuesto como normal puede ser enfermo.

Idea limitada, sin dudas, que merece ser repensada. ¿Qué clasifican las clasificaciones psiquiátricas? O dicho de otro modo: ¿de qué enfermedad nos hablan? La ideología psiquiátrica parte de supuestos, de una determinada normalidad, una homeostasis psíquica podría decirse, que se rompe y que puede ser restaurada. Incluso hay toda una Psicología que aborda el tema con similar ideología. Y ahí tenemos el amplio campo de lo que, quizá provocativamente, podría llamarse “apapachoterapias”: hay una normalidad por un lado, feliz y libre de conflictos, y hay enfermedad en su antípoda. La misión de quien trabaja en el campo siempre complicado de definir de la Salud Mental sería el técnico que restaura la felicidad o el equilibrio perdido. Las clasificaciones psiquiátricas serían el manual para el caso.

Profundizando en la crítica, intentando mostrar la cuota de ideología cuestionable que pueden guardar esas clasificaciones –y por tanto la idea de salud y enfermedad subyacentes–, Néstor Braunstein, psicoanalista argentino radicado en México, citaba un texto de Jorge Luis Borges muy elocuente al respecto. Decía el poeta en su libro Otras Inquisiciones: “En las remotas páginas de cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos está escrito que los animales se dividen en a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pello de cabello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas”. La taxonomía psiquiátrica, aquella que mide y decide sobre quién está sano y quién está enfermo en este resbaladizo campo, no pareciera muy distinto. Se clasifica el malestar, podríamos decir; se clasifica el eterno conflicto que nos constituye, siendo que todo eso no es “una enfermedad” en sentido biológico sino nuestra humana condición. ¿Se le puede poner números, valores, niveles al malestar? ¿Nos ayuda a resolverlo esa ilusión métrica? Por cierto, no otra cosa son los tests a que estamos tan acostumbrados los psicólogos, que bien podríamos definirnos como “auxiliares médicos tomadores de tests”.

¿Quién puede estar sano de inhibiciones, síntomas y angustias varias? Retomando algunos de los ejemplos que más arriba se mencionaban: ¿quién es más “normal”: el que fuma o el que no fuma? ¿El homosexual declarado, el que lo fustiga, el que lo acepta? ¿Y qué debe hacerse si nuestro hijo o hija nos declara que es homosexual?

El campo de la llamada “enfermedad mental” es, sin lugar a dudas, el ámbito más cuestionable y prejuiciado de todo el ámbito de la salud. “Yo no estoy loco” es la respuesta casi automática que aparece ante la “amenaza” de consultar a un profesional de la Salud Mental. Aterra al sacrosanto supuesto de autosuficiencia y dominio de sí mismo que todos tenemos, la posibilidad de sentir que uno “no es dueño en su propia casa”, como diría Freud. Pero Sigmund Freud, justamente, fundador de la ciencia psicoanalítica, jamás escribió una definición acabada de normalidad. Cuando fue interrogado sobre ello, escuetamente se limitó a mencionar la “capacidad de amar y trabajar” como sus notas distintivas. Por cierto que “lo normal” es problemático; eso remite obligadamente a la finita condición humana, donde los límites aparecen siempre como nuestra matriz fundamental. Muerte y sexualidad son los eternos recordatorios de ello, más allá de la actual ideología de la felicidad comprada en cápsulas que el mundo moderno nos ofrece machaconamente. Y recordemos que existe toda una “ingeniería humana” dedicada a buscar ese estado de no-conflicto. Las terapias que buscan ese paraíso, por cierto, son funcionales a esa búsqueda.

La recientemente aparecida V Edición del DSM, en buena medida “libro sagrado” de la Salud y la Enfermedad Mental, al menos en nuestra región donde la presencia cultural-académico-científica del Gran Hermano es casi total, presenta en forma creciente “cuadros psicopatológicos” producto más de la mercadotecnia que de la práctica clínica, “inventados” en los departamentos de mercadeo de grandes firmas farmacéuticas que, en realidad, oculta tras ello la voracidad de los laboratorios por vender psicofármacos.

Ante ello, cerca de 2,000 trabajadores de la Salud Mental de distintas partes del mundo, encabezados por el psiquiatra infantil Sami Timimi, a través de la plataforma Change.org reaccionaron reciamente abriendo una dura crítica contra esta ideología. De esa cuenta dieron a conocer un fuerte comunicado titulado “No más etiquetas diagnósticas”, donde llaman a desconocer las clasificaciones psiquiátricas. “El diagnóstico en salud mental, como cualquier otro enfoque basado en la enfermedad, puede estar contribuyendo a empeorar el pronóstico de las personas diagnosticadas, más que a mejorarlo”, dirán enérgicos en su proclama. “En lugar de empeñarnos en mantener un línea de investigación científica y clínicamente inútil, debemos entender este fracaso como una oportunidad para revisar el paradigma dominante en salud mental y desarrollar otro que se adapte mejor a la evidencia”. Es así que proponen un enfoque de “recuperación” o “rehabilitación”, en vez de en un modelo de enfermedad y de clasificación diagnóstica.

Sin dudas, lo sabemos, el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense, más conocido por su sigla inglesa DSM, en cualquiera de sus versiones, pasó a ser palabra sagrada en este campo siempre resbaladizo de las “enfermedades mentales”. Ejemplos sobran. El hoy día tan conocido “trastorno bipolar” hace unos años ni siquiera figuraba en las taxonomías psiquiátricas. Cuando apareció, se calculaba que el 1% de la población lo padecía; en la actualidad esa cifra subió al 10%. Y el trastorno bipolar pediátrico en unos pocos años creció “¡alarmantemente!” Pero… ¿estamos todos tan locos…., o se trata de puras estrategias de mercadeo? Antes de la aparición de los antidepresivos, por ejemplo, en Estados Unidos se consideraba que padecían “depresión” 100 personas por cada millón de habitantes; hoy día, esa cantidad subió a 100 mil por un millón. Es decir: un aumento del 1,000%; por tanto, 10% de su población consume antidepresivos, el doble que en 1996. Repitamos la pregunta: ¿estamos todos locos…., o son muy aceitadas estrategias de mercadeo? ¿Cuál es el modelo de Salud Mental que está a la base de todo esto y posibilita estas acciones?

Tratando de sintetizar lo dicho, podría preguntarse entonces si la Salud Mental consiste, en definitiva, en lograr llegar a ser “feliz”, o habría aún que darle alguna vuelta de tuerca a ese concepto. ¿Ser feliz será sinónimo de “adaptarse”? ¿Salud Mental es no delirar ni tener alucinaciones? Quizá sea muy pobre esta definición, hecha desde nuestra normalidad neurótica. Una vez más: el concepto en juego nos remite a posicionamientos ideológicos, socio-políticos. Hasta ahora el voto de castidad que hacen religiosos y religiosas de la tradición católica es normal, aunque muchas veces se viole por debajo de la mesa. ¿Dejará de serlo si, finalmente, se deroga el celibato? Es decir: estamos ante una dificultad insalvable en cuanto a la posibilidad de fijar taxativamente dónde empieza y dónde termina la normalidad. Por supuesto, está por demás de claro: un referente biológico en sentido puro –si es que pudiera existir– no nos ayuda para nada en esta problematización. Antes bien: nos complica las cosas (recordemos la clasificación de Borges que citábamos).

Sólo para ilustrar la dificultad en ciernes: para 1996, año de la Firma de la Paz en Guatemala, en la ciudad capital trabajan por sus calles ofreciendo sus servicios sexuales, básicamente de la zona céntrica, alrededor de 35 travestis. Hoy, más de una década y media después, ese número se ha decuplicado: son 350. ¿Cómo entender el fenómeno? ¿La sociedad está más “enferma” ahora? ¿O somos más pecadores? ¿Los travestis se reproducen más que los no travestis? Por el contrario, podríamos preguntarnos: ¿somos más permisivos? ¿O habrá que pensar que la bisexualidad de muchos “machos”, que siempre estuvo ahí, ahora “sale más del closet”? No hay duda que el fenómeno existe: la oferta trepó en forma exponencial, lo que habla, por tanto, de un similar aumento en la demanda. Sólo para traerlo como un provocativo –y quizá molesto– ejemplo, hablar sobre Salud Mental nos remite a ámbitos político-ideológico-culturales.

Y para rematar estos ejemplos algo “traviesos”, para definirlos de algún modo, tomemos otro concepto hoy tan a la moda –proveniente también del ámbito académico estadounidense y de su visión adaptacionista de la Salud Mental – tal como es el de resiliencia. Habitualmente se le asocia con una visión positiva. Por allí puede leerse de los beneficios que la misma trae aparejados. Si se trata de beneficios, ¡buena noticia!, por supuesto. ¿Y qué beneficios aporta? “Las personas más resilientes tienen una mejor autoimagen, se critican menos a sí mismas, son más optimistas, afrontan los retos, tienen más éxito en el trabajo o estudios, están más satisfechas con sus relaciones, están menos predispuestas a la depresión”. Ahora bien: estos mentados beneficios abren interrogantes. ¿Es un beneficio “criticarse menos”? ¿En qué sentido entender lo de “más éxito”? ¿Estamos seguros que entronizamos el optimismo –lo cual puede sonar a propaganda de refrescos–, o más cautamente seguimos a Antonio Gramsci, quien proponía “el optimismo del corazón junto al pesimismo de la razón”? Una vez más, aún a riesgo de reiterativos, la definición de Salud Mental plantea problemas que quizá ninguna clasificación psiquiátrica responde; ni tampoco responde alguno de los numerosos tests que circulan por allí.

Quizá conviene plantearnos modelos no tanto centrados en la “enfermedad”, siempre de dificultosa definición (¿quién de los varones presentes habrá sido cliente de alguno de los 350 travestis que trabajan por allí?, ¿son enfermos los que, eventualmente, lo hicieron?) sino en la promoción de la salud. Pero, ¿cómo promover Salud Mental? ¿Llenando de pastillas psiquiátricas, tal como el DSM (¿por qué no llamarlo en español?, me pregunto) induce? En Estados Unidos se consumen psicofármacos en cantidades industriales, y eso no habla de una excelente Salud Mental (también es el país del mundo con mayor porcentaje en consumo de drogas prohibidas, y el que tiene la mayor tasa de población encarcelada –¡el país de la libertad!, vaya ironía–. ¿Es mentalmente sano Homero Simpson, su ícono representativo?

Si hablamos de una posible intervención en Salud Mental en nuestro medio urbano, partamos de la base que sí es posible, pues es eso lo que estamos haciendo. La cuestión es revisar los paradigmas desde los que lo hacemos: ¿desde el electroshock, desde los tests, desde las apapachoterapias, desde la promoción de espacios de palabra para hablar de prejuicios y tabúes, desde la práctica manicomial o derribando los muros del asilo?

Definamos entonces, ante todo, cuál es nuestro medio urbano y cuáles son sus problemas de Salud Mental: ¿la violencia, la pobreza, el alcoholismo, la dependencia cultural respecto al Gran Hermano, la cantidad creciente de travestis que se registra, los prejuicios y tabúes que nos atraviesan, los suicidios? Complejo, sin dudas.

La cuestión central en el asunto es ver para qué trabajamos, para qué hacemos lo que hacemos cuando nos decimos parte del gremio Psi. En grandes términos podría decirse que hay dos modelos en juego: por un lado, trabajamos para acallar el malestar (y ahí están las pastillas y todos los dispositivos que ven en el conflicto un “cuerpo extraño”, una molestia que hay que quitar de en medio). O, por otro lado, trabajamos para permitir que ese conflicto, esa cuota de insatisfacción siempre presente en lo humano –que se puede tapar con pastillas quizá, pero que sigue actuando–, esa inestabilidad que tenemos en tanto sujetos que deseamos, no se vea como “enfermedad” a combatir. Que haya problemas, conflictos, diferencias, malestares, es lo que nos pone en marcha como sujetos. La cuestión es poder procesarlos, permitir que se expresen, darles su lugar, y no taparlos. No creer que la felicidad se consigue con alguna “técnica apropiada”. ¿Qué decimos cuando decimos “adaptación”? ¿Resignación ante la realidad, o transformación de la misma? Eso es lo que está en juego en la noción de Salud Mental, por eso es siempre un campo en discusión, una pregunta abierta (y que quizá no se logre cerrar nunca: ¿hay que prohibir los travestis o no?, ¿hay que permitir el matrimonio homosexual?, ¿por qué los varones se creen con más derechos que las mujeres?, ¿por qué seguimos transgrediendo leyes aunque sabemos que eso está prohibido?, ¿por qué construimos la moral que construimos?)

Quizá sea imposible evitar que esos conflictos que definen nuestra humana condición dejen de provocar distintas manifestaciones: inhibiciones, síntomas, angustias. El punto está en cómo abordar todo eso, qué lugar darle, qué espacios reales desde los sistemas de salud existentes, incluso los de educación, se abren para abordarlos, para prevenirlos, para enmarcarlos sin estigmatizarlos. Los objetivos planteados para el presente foro van en esa dirección, y esperemos que de aquí puedan salir propuestas concretas al respecto.

La atención primaria es el mejor camino para promover la salud. Desde la histórica conferencia de la OMS de Alma-Ata en 1978, ese es el camino trazado para promoverla, y que los países que presentan los mejores índices han seguido. La pregunta abierta es cómo plantearse esta estrategia cuando se trata de Salud Mental. Sin dudas eso es difícil, y ya se ha dicho muchísimo al respecto. Si algo podemos aportar hoy en este simposio es dejar indicado que una atención que no niegue ni tape los conflictos en la esfera psicológica debe apuntar a hablar de ellos. Por allí debería ir la cuestión: no estigmatizar los problemas –quizá incorrectamente llamados “mentales”– sino permitir que se expresen. Dicho en otros términos: priorizar la palabra, la expresión, dejar que los conflictos se ventilen. Esto no significa que se terminarán las inhibiciones, la angustia, el malestar que conlleva la vida cotidiana, las fantasías, los síntomas. ¿Cómo poder terminar con ello, si eso es el resultado de nuestra condición? La promoción de la Salud Mental, urbana para el caso que nos convoca hoy, es abrir los espacios que permitan hablar del malestar. ¿Qué significa eso? No que podamos llegar a conseguir la felicidad paradisíaca, a evitar el conflicto, a promover la extinción de los problemas. En tanto haya seres humanos habrá diferencias, y eso es ya motivo de tensión.

La Salud Mental es, en definitiva, el propiciar los espacios de diálogo, de palabra y de simbolización para que el malestar no nos inunde, no nos inmovilice ni tampoco para que sea motivo de estigmatización de nadie. Espacios de palabra, por último, significa lugares donde se pueda hablar libremente. Eso pueden ser grupos, dispositivos que faciliten abordajes individuales sin estigmatizar, trabajo con parejas, charlas, espacios comunitarios. La Salud Mental no está encerrada en un consultorio: está en la palabra que permite conocerse a sí mismo. Y eso, en definitiva, se puede dar en cualquier lado, en las calles, en la comunidad toda.

sábado, 14 de septiembre de 2013

NO TE SALVES

No te salves


No te quedes inmóvil 
al borde del camino 
no congeles el júbilo 
no quieras con desgana 
no te salves ahora 
ni nunca 
no te salves 
no te llenes de calma 
no reserves del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
no dejes caer los párpados 
pesados como juicios 
no te quedes sin labios 
no te duermas sin sueño 
no te pienses sin sangre 
no te juzgues sin tiempo

pero si pese a todo 
no puedes evitarlo 
y congelas el júbilo 
y quieres con desgana 
y te salvas ahora 
y te llenas de calma 
y reservas del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
y dejas caer los párpados 
pesados como juicios 
y te secas sin labios 
y te duermes sin sueño 
y te piensas sin sangre 
y te juzgas sin tiempo 
y te quedas inmóvil 
al borde del camino 
y te salvas 
entonces 
no te quedes conmigo.

Lee todo en: No te salves - Poemas de Mario Benedetti http://www.poemas-del-alma.com/no-te-salves.htm#ixzz2evFV1Yiy

sábado, 31 de agosto de 2013

Médicos en Crisis

02 MAR 12 | Dr. Rubén Mayer
Cantidad, calidad, ingreso y desigualdad entre los Médicos
Reflexiones acerca de una profesión en crisis.  INTRAMED

Dr. Rubén Mayer
IntraMed
 
La cantidad de Médicos
Suele decirse y repetirse con bastante frecuencia que “en Argentina somos demasiados médicos”; que deberíamos ser menos y que además esta reducción ayudaría a resolver algunos de nuestros padecimientos laborales y fundamentalmente económicos. Como con otras afirmaciones consagradas  esta también merece abrir un paréntesis de duda e intentar una reflexión actualizada.

Pensé e imaginé en este sentido qué pasaría en los lugares donde trabajo si fuésemos, la mitad de los que somos actualmente. ¿Cuánta demora a la ya existente habría que agregar para que un paciente obtenga un turno con un médico o para volver con los resultados de los estudios solicitados?; ¿Cuánto para un turno de un estudio o una intervención?; ¿Cuánto tiempo deberían esperar para ser atendidos en una sala de guardia?, etc.

Entre los tantos cambios que experimentó la medicina -en especial la medicina ambulatoria- en las últimas décadas no se puede ignorar el hecho comprobado cotidianamente de que hoy la gente consulta por muchos más  motivos y muy diferentes a los de décadas atrás en los que había que estar o sentirse bastante mal para ir al médico. Pensemos sólo en la demanda que arrastra el “fenómeno de la prevención”. Lo que se observa  a diario es que las salas de guardia quedan chicas, faltan camas de internación y se necesita ampliar la oferta horaria de consultorios. La ansiedad, los miedos y las “urgencias” hoy instaladas y estimuladas en la sociedad parecen casi imposibles de ser controladas  para atenuar la cantidad de consultas que generan o para persuadir a los pacientes de que no existe la premura que ellos perciben detrás de sus síntomas.

Tal vez seamos muchos, puede ser, pero seguramente los cálculos que se hacían décadas atrás para determinar la cantidad de médicos por habitantes sin duda deberían actualizarse a los tiempos que corren.

Es cuestionable también la visión generalmente compartida de que esta supuesta abundancia de médicos es la causa, o al menos la causa fundamental, de la baja remuneración de los médicos (de algunos médicos). Lo que se lleva la parte más importante de los gastos en salud puede explicarse principalmente por la exorbitante cantidad de estudios diagnósticos solicitados (muchos innecesarios), el crecimiento del número de intervenciones realizadas (muchas innecesarias) y el uso descontrolado de fármacos (muchos innecesarios).

En la parte que nos toca son funcionales a esa pérdida de la racionalidad en el manejo de los pacientes tres rasgos predominantes de la práctica médica actual:
  1. La declinación de las habilidades clínicas
  2. La pérdida gradual del convencimiento acerca del sentido del acto médico.
  3. La brevedad de la consulta.
Los médicos que quedan atrapados en este esquema tarde o temprano responden a esta situación con un comportamiento compensatorio maladaptativo abusando de estudios diagnósticos, fármacos e intervenciones todo lo cual  perpetúa este statu quo de pauperización de la consulta del que son víctimas y también en parte sus propios victimarios.
Frente a este panorama el valor de la consulta termina siendo la principal variable de ajuste para los sistemas de salud simplemente porque es  casi la única y las más fácil que estas organizaciones pueden controlar ya que las otras (estudios, fármacos, intervenciones) no hay manera de detenerlas, por distintos factores y presiones. Aumentar la cuota de los socios o el aporte de los afiliados es el otro resorte al que suelen echar mano para responder a los aumentos incesantes de los gastos en salud provocados por aquellos tres elementos.

Un tema no menor sobre el que quisiera fijar posición porque siempre se filtra en este tipo de discusiones, cualquiera sea el ámbito laboral de que se trate, es la complicación que agregaría a estas cuestiones la incorporación al mercado laboral de los médicos inmigrantes de países vecinos. Culparlos, tomarlos como chivos expiatorios de nuestros males estructurales figura en los manuales de los pensamientos más reaccionarios y xenófobos. Los trabajos que realizan y la paga miserable que muchas veces reciben por ellos con seguridad serían descartados por los médicos locales. Dejémoslos pues afuera de estos problemas.

 Más complejo todavía y fuera del alcance de este análisis es el problema de la distribución de médicos que esencialmente debiera resultar de un programa nacional que dé respuesta a necesidades regionales específicas y no  que dependa de los proyectos personales de cada médico individualmente sin ningún tipo de criterio ni respaldo, y a cuenta y riesgo de cada uno. Un programa de estas características requiere de una planificación y una organización muy necesarias pero del que nos encontramos lamentablemente muy lejos.

La desigualdad entre los médicos 
En esta estructura económica de capitalismo médico en la cual una “Medicina Basada en lo Justo y Necesario” al parecer no es redituable o no alcanza a satisfacer las expectativas de lucro de muchos profesionales, definitivamente no todos los médicos se encuentran en la misma situación. Dentro esta estructura es fácil distinguir diferentes clases sociales de médicos con marcadas diferencias según sus ingresos. La combinación descripta previamente es muy redituable para algunos y perjudicial para otros y, a fin de mes, cada uno sabe muy bien de qué lado del colador está: del lado del arroz o del agua.

Generalizando  con fines prácticos es evidente que el ingreso promedio de los médicos clínicos-asistenciales es muchísimo más bajo que el de aquellos que realizan intervenciones o estudios diagnósticos. Diferencias que en muchos casos son irritantes y que en buena parte explica porque al término de la residencia la mayoría esquiva la elección de una orientación clínica a favor del diagnóstico por imágenes o el intervencionismo. Una de las respuestas que algunos médicos utilizan para compensar la baja remuneración derivada de su trabajo asistencial es encontrar alguna forma de vínculo con la industria farmacéutica para redondear un ingreso mensual más elevado. Sin embargo, en más de una ocasión, esta práctica llega a poner en riesgo la naturaleza misma del acto médico.

Aún dentro de los médicos clínico-asistenciales el ingreso varía bastante según  realicen o no prácticas relacionadas, y también según las especialidades, ya que la cantidad de pacientes que por ahora razonablemente puede ver un médico de familia, un clínico o un cardiólogo es sustancialmente menor a los de un endocrinólogo o un dermatólogo y por lo tanto sus ingresos.
Esta situación plantea otras dificultades adicionales: los esquemas debieran ser diferentes según las especialidades y la complejidad de los pacientes a fin de garantizar un ingreso similar por hora de trabajo. ¿Cuántos médicos estarían de acuerdo en que la consulta establecida por ley o convenio dure un mínimo -por ejemplo- de veinte minutos? (Incluso elevando el valor de la consulta); ¿cómo habría que reorganizar la atención para satisfacer la demanda si la consulta se estipulara en un máximo de tres pacientes por hora? No son las únicas cuestiones a resolver.

En su libro “La mercantilización de la vida íntima” Archie Russell Hochschild observa que hemos ido delegando las tareas relacionadas al cuidado, que proveemos menos cuidado pero lo consumimos más. Señala con una claridad contundente que “el cuidado ha descendido de categoría en cuanto a los honores y la recompensa monetaria, y se ha transformado en un trabajo del que es preciso salir o debe dejarse vacante para quienes no logran conseguir un trabajo mejor”; y agrega: “el cuidado de otras personas se asocia cada vez más con una sensación de estancamiento, de quedar fuera del espectáculo principal”.
Si efectivamente estamos transitando el lento o acelerado camino hacia “los últimos días de la clínica” no estaría de más ir preguntándose a quiénes en el futuro vamos a confiar el cuidado y la atención de los pacientes. Una Medicina centrada en el paciente debe, sin nuevas postergaciones, tener al cuidado como un elemento central. “Necesitamos -dice Hochschild- una revolución que recompense el cuidado”.
Por este motivo la prioridad en las reformas debieran tenerla los médicos clínicos asistenciales para quienes una propuesta de mínima para asegurar un básico de calidad de atención médica y de ingresos razonables podría ser el de una consulta cada veinte minutos a un valor de $ 50 la consulta lo que aseguraría un ingreso aproximado de $ 24.000  por mes para un médico que dedicarae 8 horas por día a atender pacientes en un consultorio.

Un salario mínimo similar deberían recibir los médicos de internación si no se quiere profundizar la tendencia actual por la cual se va tornando cada vez más difícil encontrar o retener médicos dispuestos a trabajar en estas áreas de gran desgaste físico y emocional. Otros aportes para mejorar la calidad de vida de estos médicos como simplificar definitivamente la confección de recetas y los pedidos de estudios, entre otras medidas, ayudarían a prevención del fastidio y el agotamiento.

La Calidad de los Médicos
Sin embargo, para elevar el nivel de la atención médica más que reducir la cantidad de médicos habría que abordar la problemática bastante más compleja de la calidad de los médicos. Es cierto que probablemente sea difícil formar bien a muchos médicos pero otros factores en el pre  y postgrado parecen ser más importantes. Reconocer estas falencias formativas es importante porque si bien no hay duda que hay que mejorar las condiciones laborales de la actividad médica no debiéramos estar tan seguros de que extender el tiempo de la consulta y  mejorar el ingreso de los médicos automáticamente va a trasladarse en una mejoría de la calidad de la atención de los pacientes. Una adecuada formación clínica se alcanza sólo si se cumplen ciertos requisitos de los que rescato los siguientes:

• Haber hecho una Residencia o al menos una Concurrencia (Entrenamiento Intensivo)

• Tener o haber tenido maestros o modelos (Educación a Corta Distancia)

• Continuar formando parte de un grupo de discusión bibliográfica y de casos clínicos (Intercambio Intelectual). 

Los dos primeros son esenciales para hacerse de una reserva de estímulo, el tercero para mantenerlo vivo.

Este último punto, a mi entender, ha recibido poca atención tal vez debido a que la formación del postgrado inmediato tradicionalmente se realiza íntegramente en el marco de la internación.

Sin embargo, luego de esta etapa “juvenil”, la mayoría de los médicos dedicarán la parte más sustancial de sus años profesionales  a ejercer en el ámbito ambulatorio al que ingresan sin haber recibido una formación específica. En las últimas décadas, y al ritmo de la expansión del conocimiento, la medicina ambulatoria creció enormemente lo que ha obligado a los médicos “adultos” al esfuerzo de una actualización permanente en una etapa donde muchos hubieran esperado descansar su ejercicio en la experiencia acumulada.

La Medicina Ambulatoria ya tiene una personalidad propia con marcadas diferencias con el ámbito de la internación. Entre tantas, una de ellas merece especial atención porque conlleva particulares consecuencias: la Medicina Ambulatoria es en la gran mayoría de los casos una medicina solitaria.

El aislamiento profesional, la falta de exposición e interacción con colegas repercute intelectual y hasta éticamente desde que el médico en su soledad termina siendo su único interconsultor y su propio comité de ética. Desafiar esta inercia hacia el aislamiento y el estancamiento motivacional debiera ser prioridad fundamental para aquellos médicos que realizan su tarea exclusivamente en el área ambulatoria o de manera solitaria. Algunas opciones para mantenerse actualizado ya están disponibles, sin embargo el contacto directo con colegas mediante la conformación de grupos de discusión bibliográfica y de casos clínicos en principio se presenta como una herramienta interesante, accesible y eficaz. Es un primer paso hacia un crecimiento individual y colectivo basado en el intercambio y también un antídoto contra el peligro de extraviar con los años el entusiasmo, el sentido y el orgullo de atender pacientes.

Dr. Rubén MayerMedico Cardiólogo (UBA), ex-jefe de resiendetes del Sanatorio Guemes, Ex docente de la carrera de médico especialista en cardiología (UBA), Investigador del Grupo GESICA en los Estudios GESICA II, III y DIAL           

viernes, 23 de agosto de 2013

AMBICIOSO


Max Erhardt tenía 21 años y decía que era un gran admirador de Gordon Gekko, el personaje que encarna Michael Douglas en la película Wall Street, símbolo de la codicia. Erhardt estudió en la Universidad de Michigan y se presentaba en su curriculum como “altamente competitivo y muy ambicioso”. Ganó una pasantía en el Bank of America de Londres y se esforzó por impresionar a sus jefes. Tomó ocho turnos nocturnos completos en dos semanas y trabajó 72 horas consecutivas. Fue hallado muerto en la ducha de su residencia tras sufrir un ataque de epilepsia.
Pagina12.

domingo, 5 de mayo de 2013

LA PROPIEDAD


Sé que nada me pertence
sino el pensamiento
que sin grilletes
fluye de mi alma,
Y todo momento favorable
que el destino clemente
me permite gozar profundamente

Gothe en “Fausto”

sábado, 13 de abril de 2013

MAESTRO

El Maestro le dijo a un pintor: Cualquier pintor que quiera triunfar ha de trabajar incansablemente durante infinidad de horas. Pero sólo a unos pocos les es dado liberarse de su ego mientras pintan. Y cuando esto sucede, surge la obra maestra». Más tarde, le preguntó un discípulo: «¿Quién es un Maestro?» Y el Maestro le respondió: «Cualquiera a quien le sea dado liberarse de su ego. Y, a partir de entonces, la vida de esa persona será una obra maestra» .

miércoles, 27 de marzo de 2013

miércoles, 13 de febrero de 2013

SERENIDAD

«¿ Cuál es el secreto de tu serenidad ?», preguntó el discípulo. «Cooperar incondicionalmente con lo inevitable», respondió el Maestro.

lunes, 28 de enero de 2013

Basura,tesoro ambiental

A Suecia se le acabó la basura para reciclar y ahora la importa de Noruega En Suecia, la basura es un recurso que se transforma en energía. El 96% de los desperdicios se recicla o se deriva a las plantas de incineración. Gracias a esto, un cuarto de millón de hogares se abastece de electricidad y el 20% goza de calefacción. Sus rellenos sanitarios reciben un escaso 4% de todo lo que los suecos desechan. De acuerdo con Avfall Sverige, la institución sueca encargada de gestionar los residuos,el éxito del sistema de reciclaje ciudadano está presentando una desventaja: escasea la basura para producir aun más energía. Por eso, la solución ha sido importarla desde Noruega mediante un convenio por el que ambos países se benefician. A Noruega le resulta más rentable pagarle a Suecia para que se lleve 800.000 toneladas de residuos que procesarlos en el propio país. Y a Suecia le cae como anillo al dedo recibir el desecho para continuar generando más energía para sus habitantes. Suecia se anticipó a otros países en la transformación de basura en energía, pues inició en la década del 70 la expansión de las plantas de incineración. Una década más tarde fueron pioneros también en la reducción de emisiones, producto de esta incineración. Actualmente, han logrado reducir entre el 90% y 99% de las emisiones, mediante técnicas especiales que benefician el medio ambiente. Y todo gracias al reciclaje. Conciencia ciudadana Pero esta maravilla no es gratuita. Los suecos carecen de pereza si de reciclar se trata. Las campañas que décadas atrás inició el gobierno dieron buenos resultados, y hoy hogares y vecindarios mantienen la cultura de separar sus desperdicios como un hábito, o más aun, como un acto reflejo. No es extraño que el área de los edificios donde los vecinos depositan su basura esté dotada de varios contenedores. Ellos no se limitan a tres categorías, sino que tienen varios recipientes más hasta donde van a parar los desperdicios que cada familia previamente separó. En las casas separan orgánicos, metales, pilas, vidrios de color, vidrios transparentes, plástico duro, plástico blando, cartón y Tetra Pak, papeles, periódicos y revistas. Y aunque ese hábito se observa en todo el país, el caso de la ciudad de Borås, con 64 mil habitantes es notable. Sus autoridades empezaron a tomar en serio la gestión de residuos en 1995, y ahora comprueban el beneficio de ese plan. La mayoría de hogares y establecimientos comerciales; así como la flota de 60 buses de transporte público se abastecen de la energía generada por el aprovechamiento de residuos que llega al 99% en esa ciudad. Además, los habitantes de Borås pagan 50% menos de cuenta de luz y 20% menos en el boleto de transporte público. En cuanto al reciclaje de desperdicios electrónicos y eléctricos, Suecia también es líder. Cada ciudadano sueco recicla 16 kilos de este material al año; desde refrigeradoras, televisores, cámaras, computadoras, etc. El destino de ese material es la manufactura de nuevos productos. Este sistema se llama Elretur y se realiza en colaboración con los municipios, quienes han dispuesto cerca de 1.000 puntos de colecta en todo el país. Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en todo el mundo se de-sechan 40 millones de toneladas de chatarra electrónica anualmente. Muchos de estos productos fueron manufacturados con metales como el oro, la plata o el platino y su recuperación podría generar un buen retorno económico. El Programa Medioambiental de Naciones Unidas (UNEP) calcula que en China se deja de aprovechar 4 toneladas de oro y 28 toneladas de plata cada año. El basural máis grande du mundo Visto desde Google Earth se presenta como una enorme mancha marrón entre el predominante verdor de Río de Janeiro. En tierra firme, se trata del recientemente clausurado Gramacho, el relleno sanitario más grande del mundo, cuya superficie equivale a la de 130 campos de futbol juntos. La prefectura del estado de Río de Janeiro logró finalmente en junio de este año la clausura del basurero que comenzó a operar hace 34 años. No fue una tarea fácil. Este verdadero gran foco infeccioso, ubicado irónicamente frente a la icónica Bahía de Guanabara era la fuente de trabajo de 6.000 personas dedicadas al reciclaje en las peores condiciones de salubridad. Las montañas de basura que alcanzan los 50 metros, similar a la altura de un edificio de 16 pisos, fueron el resultado del depósito en las últimas tres décadas de casi el 80% de la basura de la Ciudad Maravillosa, unas 8.000 toneladas por día. Con el cierre de Gramacho, un programa de reinserción social ha indemnizado a los recicladores con cerca de US$7.000 y reciben clases de distintos oficios para su subsistencia. En cuanto a la basura, su destino final es ahora la Central de Tratamiento de Residuos (CTR). Las autoridades esperan lograr la recuperación del área en unos 15 años, pero el futuro de Gramacho será la generación de energía. Se construirá una planta de biomasa para transformar el metano propio de la descomposición de los desperdicios de este relleno en gas.