Jueves santo de una semana profana
En la llamada “ultima cena” encontramos una clave.
El contexto de la cena se sitúa en las ultimas horas de Jesús en la clandestinidad. Eran horas de tensión y el grupo estaba viviendo sus momentos mas decisivos. El movimiento de Jesús necesita una vez más afirmarse en la piedra angular sobre la que se sostiene. La cena como simbolo privilegiado del Reino de Dios y lugar de encuentro, en una intimidad comunitaria que se organiza en la corporeidad plena y la sensorialidad material de los cuerpos que comparten la vida en la donación que es re-encuentro con el otro: Resurrección.
En esa , se encuentra lo fontal de la vida. Es la gratuidad, pisoteada luego bajo la instrumentalidad de la razón calculadora y mercantil. Anterioridad a la que el evangelio nos invita a arrojarnos como movimiento de atravesamiento hacia lo trascendente, es decir, el otro negado, el pobre y oprimido, el que no tiene vivienda, y todo aquel a quien se le niega, el derecho a la vida plena.
Les dijo Jesús a sus discípulos en clave política,
“Haced esto en memoria de mi”.
De esto se trata !!, memorear en la praxis, que es lo opuesto al recuerdo. Un hacer colectivo, que como memoria, se hace presente y actualiza en el compartir con los excluidos el alimento para la vida. La vida como alimento, como aliento vital que amplifica los cuerpos y la potencia revolucionaria de lo comunitario que da frutos de esperanza para ponernos de pie. Tiempo mesiánico cuya potencia se encuentra en el pan que se comparte y reparte.
La memoria del evangelio es memoria EN PRAXIS.
Celebremos en memoria !!.
Rafael Villegas
sábado, 23 de abril de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
Lo que dijo el comandante de la revolución que soñamos (al escuchar hablar a los más sabios hombres del enemigo)
“Quiero su cabeza”,
dijo el revolucionario que soñamos
al escuchar hablar a los más sabios hombres del enemigo,
“traedme su cabeza cuanto antes.
Conquistémosla con las marcas de la conciencia
que nos turba:
ese territorio fértil arderá en espuma y nos sabrá ayudar.
Quiero su cabeza
pensando para nosotros,
quiero su cabeza
inteligente en este lado de la guerra.
Sé que nos va a entender.
Traedme su cabeza cuanto antes”
Y mandó a primera línea de batalla
a sus mejores maestros.
Laura Casielles. Los idiomas comunes
Editorial Hiperión
dijo el revolucionario que soñamos
al escuchar hablar a los más sabios hombres del enemigo,
“traedme su cabeza cuanto antes.
Conquistémosla con las marcas de la conciencia
que nos turba:
ese territorio fértil arderá en espuma y nos sabrá ayudar.
Quiero su cabeza
pensando para nosotros,
quiero su cabeza
inteligente en este lado de la guerra.
Sé que nos va a entender.
Traedme su cabeza cuanto antes”
Y mandó a primera línea de batalla
a sus mejores maestros.
Laura Casielles. Los idiomas comunes
Editorial Hiperión
sábado, 2 de abril de 2011
"El desastre de Fukushima no ha sido provocado ni por la Naturaleza, ni por Falla humana. Fue consecuencia del Sistema"
ENTREVISTA: RYOICHI HATTORI Diputado del Partido Socialdemócrata de Japón
JOSE REINOSO | Tokio 02/04/2011
"El desastre de Fukushima ha sido provocado por el ser humano"
Dice que su partido lo había advertido, que la central de Fukushima era peligrosa. Ryoichi Hattori, de 61 años, del Partido Socialdemócrata, es uno de los 10 miembros de esta formación política en la Dieta (el Parlamento de Japón). Hattori recorrió las zonas afectadas una semana después de producirse el terremoto y el tsunami del pasado 11 de marzo.
Pregunta. ¿Cómo está la situación tras el terremoto, el tsunami, y en plena crisis nuclear?
Respuesta. Es una gran catástrofe, los daños son muy amplios. Lo más urgente en este momento es limpiar los restos del tsunami, que los niños vuelvan al colegio y resolver el problema de vivienda de los refugiados. Las prefecturas de Miyagi e Iwate son muy montañosas. El mar inundó la tierra y en muchos lugares el agua no se ha ido. No sabemos si podrá recuperarse el terreno. Nuestro partido venía advirtiendo del peligro de las nucleares, porque Japón sufre muchos terremotos y está superpoblado, pero nos ignoraron.
P. ¿Cómo ve la situación en Fukushima?
R. Es una central de más de 40 años y Tepco decidió alargar su vida, y nosotros estábamos en contra. También estábamos en contra de que se utilizara plutonio (un componente muy tóxico) en su tercer reactor. Pero la Agencia de Seguridad de Nuclear está integrada en el Ministerio de Economía, y eso no puede ser. La seguridad de las centrales era demasiado laxa, y están demasiado cerca del nivel del mar. Fukushima solo estaba preparada para un tsunami de cinco o seis metros. Técnicos de la planta y de EE UU (que suministró los reactores) habían advertido de los problemas de seguridad. Pero las advertencias fueron ignoradas. Para Fukushima, esto no ha sido un desastre natural sino un desastre provocado por el ser humano.
P. El Gobierno ha sido acusado de ocultar información tras la catástrofe. ¿Qué opina de esto?
R. El Gobierno, Tepco y la Agencia de Seguridad Nuclear no tomaron en serio lo ocurrido. Nada más después del terremoto, los directivos de la agencia le dijeron al primer ministro, Naoto Kan, que la central estaba bajo control. La monitorización de la radiación y la investigación sobre el plutonio (detectado en varios lugares de la planta) han sido muy lentas.
P. ¿Qué piden al Gobierno?
R. Yo fui a Minamisoma, que está dentro de la zona de 20 a 30 kilómetros alrededor de la central en la cual el Gobierno recomendó a la gente que no saliera a la calle. Pero los suministros de comida solo llegaban hasta los 30 kilómetros, no solo porque los conductores no querían entrar sino porque la policía no les dejaba. Las medicinas tampoco llegaban a los hospitales. En un asilo, quedaban 180 ancianos pero sólo cuatro cuidadores. Los demás se habían ido. Queremos que se amplíe el área de exclusión en función de la radiactividad. Y que se entregue yodo a todos los niños que viven en un radio de 300 kilómetros (lo cual incluye Tokio) para que lo tomen si hace falta.
P. ¿Está informando el Gobierno de forma adecuada?
R. El Gobierno tiene que explicar qué está pasando exactamente. Puede haber más daños en Fukushima de lo que dice. Debería plantear el peor escenario, no para abanicar el miedo sino para estar preparados.
P. ¿Cómo ve el papel de Tepco en la crisis?
R. Es un papel criminal. Ha cometido muchos errores. Aunque quiebre, Tepco debe indemnizar a todas las víctimas.
P. ¿Qué debe hacer Japón con sus centrales nucleares?
R. Hemos exigido que se cierren los seis reactores de Fukushima 1, las centrales de más de 40 años y la planta de Hamaoka, que se encuentra en una zona de alto riesgo sísmico [a 200 kilómetros al sur de Tokio]. Además, queremos que se revise el diseño de seguridad de todas las centrales existentes (55) y que se cancelen los planes de nuevas plantas. Japón debe potenciar las energías renovables, que ahora sólo suponen el 1% del total. El Partido Socialdemócrata defiende la eliminación progresiva de las centrales nucleares.
P. ¿Qué consecuencias políticas debería tener la crisis?
R. Deberían dimitir los responsables de Terco, del Ministerio de Economía, Comercio e Industria; de la Agencia de Seguridad Nuclear, y algunos académicos universitarios. Respecto a Naoto Kan, debería haber cambiado hace tiempo; pero esta crisis ha alargado su mandato.
El desastre que sí se podía haber evitado
Miguel Jiménez
CRONOLOGÍA DE UNA CATÁSTROFE
Se cumplen ya más de quince días desde que Japón sufriera un terremoto de proporciones colosales (8’9 en la escala de Richter, posteriormente elevado a 9 grados), el viernes 11 de marzo, seguido de un posterior tsunami que arrasó más de 500 kilómetros de costa que provocaron enormes tragedias personales y materiales.
La cifra de víctimas y desaparecidos provocada directamente por ambos cataclismos, en constante alza aún hoy en día, supera ya la cifra de 27.000 personas. 240.000 personas continúan alojadas en centros sociales o deportivos. Otras padecen cortes de luz y calefacción, en una de las principales potencias económicas del globo.
Lógicamente, hay desastres naturales que son difíciles de prever, si bien Japón es probablemente el lugar donde la especie humana acumula más saber sobre este tipo de tragedias merced a su propio devenir geológico. El país está asentado en la unión de dos placas oceánicas, lo que conlleva que sea una de las zonas sísmicas más activas del planeta. La palabra ‘tsunami’ (maremoto) es una palabra japonesa extendida internacionalmente en su uso. Para los japoneses, desde hace centurias cuando menos, es conocido que a un fuerte terremoto le sigue un maremoto.
¿Qué pasó realmente aquel día?
Aunque se ha gastado mucha tinta asegurando que la central resistió bastante bien el terremoto, cada vez surgen más dudas al respecto. Según la propietaria de la central nuclear, la eléctrica TEPCO, y el Gobierno, las medidas de seguridad de la central se pusieron en marcha para llevar a cabo la parada progresiva de la misma. La cuestión es que llegó el tsunami ¡Y tenía que haber llegado el tsunami! Después de un fuerte terremoto, siempre viene un tsunami.
El lobby nuclear no ha dejado de decir desde ese día que ‘nadie podía esperar que llegase un terremoto tan fuerte’. En primer lugar, a lo largo del siglo XX ha habido terremotos aún más fuertes:
- Chile, 1960: 9,5 grados en la escala de Richter
- Alaska, 1964: 9,2 grados en la escala de Richter
- Sumatra, 1960: 9,1 grados en la escala de Richter
- Kamchatka, 1952: 9 grados en la escala de Richter
La ciencia, y el conocimiento en general, suponen el dominio sobre el saber pasado para anticiparse a problemas y sorpresas de este calibre. Y sí, eran de esperar, son de esperar de hecho en el futuro, terremotos incluso aún más fuertes que el de hace un par de semanas. Y es seguro que seguirán afectando a Japón, zona sísmica de primer orden ¿Qué geólogo serio no diría eso?
Parece que una vez que el golpe de mar impresionante golpeó a la central, ésta se quedó definitivamente sin electricidad, por lo que el sistema de refrigeración de los reactores dejó de funcionar y el complejo empezó a convertirse en una amenaza.
Pasaron cinco horas después del terremoto frente al Pacífico, pero menos de cuatro desde el tsunami. En TEPCO, la compañía eléctrica propietaria de la central, ya saben que los sistemas de refrigeración de los tres reactores de la central que estaban en funcionamiento (otros tres estaban en parada por revisión), los reactores 1, 2 y 3 de Fukushima, están fuera de control. TEPCO conoce el riesgo asociado a una prolongada parada, con el sobrecalentamiento aparejado sobre su combustible, pero la empresa oculta irresponsablemente durante un tiempo precioso el peligro.
Ahora bien, materialmente, sí sabemos que había recursos muy cercanos que podían haberse abierto paso en horas para iniciar las labores previas de conexión eléctrica que, posteriormente, tuvieron que tardar más de una semana en iniciarse. La VII Flota estadounidense, a la que el portaaviones Ronald Reagan pertenece, se encontraba a escasos 160km de la central mar adentro, y podía suministrar electricidad a través de un cable desde el mar.
Una vez llegados a este punto, hay un oscurantismo que a día de hoy no se ha esclarecido. No se sabe qué condiciones o negociaciones se llevaron a cabo a tres bandas entre la compañía, el Gobierno de los EE.UU. y el Gobierno japonés. Probablemente tengamos que esperar a que haya otra nueva filtración futura a través de Wikileaks.
En un contexto en el que la temperatura de diferentes reactores de la central aumentaba hasta un punto crítico (aunque la empresa propietaria ocultó al público esta informarción todo lo que pudo), el trabajar cerca de la central conllevaba ciertos riesgos. La medida que se ha presentado como ‘desesperada’, de bombear agua desde el aire, y que se realizó días después, se podía haber efectuado el primer día, y probablemente pudo ser pedida por el Gobierno norteamericano al japonés para que sus soldados trabajasen con mayor seguridad.
Un exejecutivo de TEPCO ha cuestionado en The Wall Street Journal que la eléctrica tardara en inyectar agua de mar para refrigerar los reactores, y critica que durante el primer día la empresa tratara de salvar los reactores, con lo que perdió unas horas cruciales.
Sabemos fehacientemente, a través de los medios de comunicación, que el Gobierno norteamericano, como publicó la prensa española, llegó a mandar aviones para colaborar en la refrigeración de la central desde el aire. Esos aviones, en esas condiciones de doble cataclismo, nunca hubieran despegado sin el consentimiento inicial del Gobierno japonés. Lo cierto es que, posteriormente, el Gobierno japonés renunció a ese bombeo de agua con refrigerante, podemos suponer que por presiones de la empresa, que tiene una larga tradición de influencia sobre Gobiernos y jueces en Japón.
Entonces, antes de las explosiones posteriores, la empresa todavía aspiraba a controlar y reutilizar los reactores nucleares. No quería utilizar agua de mar en la refrigeración de la central porque aquella inutiliza los conductos eléctricos, dejando a los reactores prácticamente inservibles.
Independientemente de que muchos científicos se cuestionan la utilidad de estos bombeos de agua desde el aire, una vez que empieza una reacción nuclear descontrolada en cadena en el núcleo de los reactores (que es lo que parece haber ahora en uno o más reactores), en las primeras horas del accidente todavía no se había iniciado esa reacción debida al daño del núcleo.
El plan de la empresa era soltar vapor de los reactores sobrecalentados (¡Para ellos es un daño menor que se libere algo de radiación a la atmósfera!). Pero cuando sueltan este vapor radiactivo ocurre un problema: en los tres reactores que estaban en funcionamiento (en primer lugar en el número 1) no se evacua adecuadamente este vapor, que se descompone en sus partes constituyentes y se acumula entre el edificio de contención y el edificio del reactor (que rodea al anterior y a parte de las infraestructuras anexas a éste).
Se libera hidrógeno que explosiona con el oxígeno pero, debido al fallo de diseño de los reactores y de la central (que luego explicaremos más en detalle), lo hace dentro del edificio del reactor, con lo que se da un salto cualitativo: se dañan estructuras básicas que provocan fugas recurrentes del edificio de contención que, en teoría, era una cámara inexpugnable de más de dos metros de hormigón y acero.
Llegados a este punto, para entender cómo un problema de diseño básico (no de la Naturaleza), puede darse en la industria más peligrosa y delicada del planeta, demos un salto atrás para mejor entender toda la escalada de acontecimientos posteriores y por venir.
TEPCO, el Gobierno japonés y sus continuas mentiras durante años
TEPCO, la Tokyo Electric Power Co., propietaria de la planta en Fukushima, es la primera compañía eléctrica en Asia y está entre las más grandes del mundo. Su capacidad de producción llega a 64.487 megawatios MW). La mayor parte de la producción está representada por centrales térmicas. TEPCO tiene 25 centrales de ese tipo, para una capacidad total de producción de 38.189 MW. La capacidad de producción de sus tres plantas de energía nuclear (Kashiwazaki Kariwa, Fukushima Daiichi y Fukushima Dani) aportan 17.308 MW. En cambio, la cuota de producción de energías renovables de la multinacional es insignificante, 4 MW.
A su vez, en el conjunto de Japón, hay 54 reactores nucleares concentrados en 18 plantas, que producen anualmente 47.000 MW, representando la energía atómica el 29% de la energía producida por el país. Como vemos, tanto la energía atómica como TEPCO son muy importantes en la cadena de producción económica japonesa.
El año 2010 volvió a obtener beneficios que totalizaron 115 millones de yenes. Anteriormente, había sufrido pérdidas tanto en 2009 (-84 millones de yenes), como en 2008 (-150 millones de yenes), fruto, como veremos, de su anterior negligencia ante otro fallo en una central nuclear de su propiedad en el 2007.
El contexto de aquel accidente del 2007 recuerda, a una escala menor, a lo ocurrido ahora. Entonces, un terremoto de magnitud 6,8 Richter sacudió Japón causando daños a la planta de Kashiwazaki Kariwa, la más grande del mundo. Hubo un incendio. Las imágenes de humo fueron vistas saliendo de la central en directo por televisión durante una hora. El accidente causó la dispersión de más de 1000 litros de agua contaminada con sustancias radiactivas en el mar, aunque el Gobierno y la empresa en un primer momento hablaron solo de litro y medio.
Parece que para TEPCO, como veremos, la diferencia entre 1’5 y 1.000 depende muchas veces del griterío que se organice en la opinión pública. Más adelante veremos como con cifras mucho mayores lleva adelante lo que parece que es este macabro juego.
TEPCO se justificó diciendo que, cuando la planta fue construida en los años 70, no estaba constatada la presencia de la falla. Ese desconocimiento puede suscitar algunas dudas sobre la buena fe de los propietarios de TEPCO. Pero estas dudas se disipan rápidamente cuando conocemos que TEPCO tiene una muy bien ganada reputación de falta de transparencia.
Sólo cinco años antes, la alta gerencia tuvo que admitir haber falsificado los informes de seguridad de la energía por un período de más de 15 años, más de 200 informes en total. El presidente de la compañía tuvo que dimitir entonces. Hoy sabemos que esta fue una práctica habitual de todas las eléctricas japonesas: Hokoriku Electric o Chugoku Electric. Podemos preguntar: ¿Esto solo sucede en Japón?
El sísmo superó las bases de diseño de la nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, la mayor del mundo, de siete reactores nucleares frente a la costa. La aceleración medida en la tierra durante ese terremoto de “solo 6,8 grados” en la escala Richter fue de 680 metros/segundo. Las bases de diseño en el reactor 1, por ejemplo, solo contemplaban un terremoto con una aceleración de 273 metros/segundo.
Resultó que la planta se había construido cerca de una falla sísmica activa. Kashiwazaki Kariwa fue cerrada durante dos años. NISA, la agencia oficial nuclear japonesa, mantuvo cerrados los reactores dos años (han abierto escalonadamente) y pidió a TEPCO que revisara la seguridad de sus nucleares contra terremotos. Una parada que explica el rojo intenso de las cuentas de la compañía en 2008 y 2009.
Hay más casos. The Guardian informó que WikiLeaks había publicado un cable diplomático en el que un político japonés “de alto nivel” decía a los diplomáticos estadounidenses que el ministerio responsable de la energía nuclear en los gobiernos japoneses había “encubierto los accidentes nucleares y ocultado los verdaderos costes y problemas asociados con la industria nuclear”.
Más aún: según sabemos ahora, un representante del OIEA dijo que las guías de seguridad sísmica se habían revisado sólo tres veces en los últimos 35 años, y que el OIEA debería de volverlos a examinar. El cable, también de Wikileaks, continúa: "Además, el informante señaló que los recientes terremotos en algunos casos han superado la base de diseño de algunas centrales nucleares, y que este un problema grave que está afectando el trabajo de seguridad sísmica."
La central accidentada de Fukushima estaba diseñada (nos dicen) para resistir un terremoto de magnitud 7 y un tsunami de olas de 5,7 metros. Sin embargo, la central es más antigua que la anteriormente mencionada de Kashiwazaki Kariwa, construida entre 1980 y 1996, y accidentada en el 2007 ¿El diseño de la central más antigua resiste un terremoto de más intensidad que la más nueva? Nuevamente, nos tenemos que creer lo que dice la empresa que, a estas alturas, no conserva una gran credibilidad.
El diseño de este tipo de sistemas de contención fue debatido desde su diseño en los años 60 por General electric. Fue puesto en duda por un informe oficial de los EE.UU. en 1972, un año después de que abriera el primer reactor de Fukushima. Pero, después del primero, el Fukushima 1 (construido en 1971), vinieron los demás: el Fukushima 3 (1976) y el Fukushima 4 (1976) y el Fukushima 2 (1974).
Es decir, lisa y llanamente, la empresa TEPCO, con la complicidad del Gobierno japonés, obvió informes claros y contundentes que afirmaban que su diseño era incorrecto. No es un olvido menor, tampoco será la primera vez que actúe así esta empresa.
Volvemos a hace dos semanas: accidentes en cadena
Después de la primera explosión del edificio del reactor 1, en Viena, la agencia internacional de la energía atómica (OIEA), en base a la información procedente de Tokio, tranquiliza al mundo. En la noche del 12, cuando en Japón es la mañana del 13, un comunicado de prensa anuncia que se "ha clasificado el accidente en el nivel 4 en la escala INES. Con consecuencias locales."
Pero la agencia nuclear francesa reporta una contradicción objetiva entre la seguridad que pretende traslucir el Gobierno de Tokio y las medidas que el mismo Gobierno tiene adoptadas sobre el terreno, que responden a una alarma mucho mayor. El Gobierno francés, participante de la principal multinacional mundial nuclear, Areva, con casi tres cuartas partes de la electricidad generada en Francia por potencia nuclear, estaba particularmente interesado en aparecer como ‘preocupado’.
Frente al secretismo tradicional del Gobierno japonés (e incluso, en el pasado, del Gobierno norteamericano en el accidente de Chernobyl, en 1986), en este asunto, como en el de la intervención imperial en Libia días atrás, el pequeño Napoleón que se considera Sarcozy, ha intentado aparecer con toda su demagogia. En este caso, apareciendo como el campeón de la información, para intentar que no se cumpliesen las previsiones electorales que finalmente se acabaron concretando hace 7 días, cuando su partido recibió un ridículo 17% en las elecciones locales francesas.
El 13 de marzo, el área de evacuación se extiende a 20 km y comienza la distribución de píldoras de yodo a la población. Mientras, el 14 de marzo, otra nueva explosión sacude el edificio del reactor 3. Esto demuestra que en Fukushima, tres días después, las operaciones de enfriamiento de los reactores no han producido ningún efecto. La agencia de noticias Kyodo afirmó entonces que se habían comenzado a fundir los dos reactores afectados. Inmediatamente, se supo que el combustible del reactor número 2 quedó al descubierto. Es solo entonces, el 14 de marzo, cuando el Gobierno japonés pidió ayuda a los organismos internacionales. Se perdieron tres días desde el terremoto (cuando probablemente la empresa disponía de datos sobre fallos estructurales en los reactores) y dos desde la primera explosión.
Desde entonces, TEPCO, el Gobierno japonés y, ahora, la Agencia Internacional de la Energía atómica (OIEA) han continuado, por ser generosos, transmitiendo información opaca y muy contradictoria. Ya entonces, la autoridad nuclear francesa habló de que el accidente se encuentra en el nivel 6 en la escala INES, donde el 7 es el máximo, “más allá de Three Miles Island, sin llegar a Chernóbil”, los anteriores máximos desastres nucleares.
La prueba de que la empresa está desbordada, y ha ocultado información preciosa, es que al día siguiente hay otra nueva explosión de hidrógeno en el reactor número 2 y, de repente, se produce un incendio en las piscinas (producido por la evaporación de agua) de desechos radiactivos del reactor número 4, piscinas alojadas irresponsablemente ¡¡Encima! de los reactores en esta central, para ahorrar costes! El incendio de la piscina se traslada al reactor a las pocas horas.
De cómo el sacrificio de los operarios no puede evitar el desastre provocado por la compañía
La situación entonces desemboca en el pánico y la empresa retira a casi todos sus operarios, menos a un retén de 50 trabajadores que hacen su labor a obscuras, con trajes especiales y pesados, respirando por tubos, trabajando en tramos inundados para reparar conexiones eléctricas y laberínticas inutilizadas por la mala planificación y el afán de lucro…, En condiciones propias de guerra nuclear, se sacrifican de manera valerosa intuyendo (y en los días posteriores con pleno conocimiento) que van a recibir dosis radiactivas cancerígenas o letales.
Las piscinas de los reactores 5 y 6 comienzan entonces a calentarse, por la pérdida del agua que recubre al material radiactivo usado, por motivos que nadie explicó exactamente hasta hoy. Estos últimos hechos arrojan totalmente por la borda la versión dada tanto por TEPCO, como por el Gobierno, como por parte también de la OIEA, hasta el día de hoy.
En primer lugar, los reactores 4, 5 y 6 estaban apagados cuando se produjo el terremoto debido a una revisión. En segundo lugar, los reactores 5 y 6 se encuentran relativamente separados y a distancia de los otros 4.
Los retenes de 50 trabajadores van cambiándose. Varios de ellos, antes de acabar su turno, sobrellevarán sobre su cuerpo dosis 10.000 veces a las recomendadas. Hoy son ya más de 700 trabajadores, la mayoría de rangos bajos (lo cual no es casualidad), muchos de ellos jubilados que se han presentado voluntarios que, en el mejor de los casos, podrán morir de manera natural antes de desarrollar el inevitable cáncer que les afectará.
Sufren “niveles de radiación letales”, según Gregory Jaczo, presidente de la Comisión Reguladora Nuclear de los EE.UU. Evidentemente, ese trabajo no se hace por dinero (no hay ninguna prima especial). Aquí, como vimos en Chile con los mineros hace meses, los valores humanos más nobles brotan en mitad de tanto engaño y afán de mezquindad: la abnegación, el sacrifico desinteresado y el heroísmo para salvar al colectivo, que son los valores que jamás podrán ser superados por ninguno de los otros partícipes en esta tragedia.
Naoto Kan, primer ministro, llegó a amenazar sin ningún pudor a TEPCO con multas y castigos si los operarios abandonaban la planta de Fukushima, queriendo convertir este sacrificio en algo parecido a una ejecución.
Para ayudar a ello, el Gobierno japonés decidió cambiar los pasados días la dosis máxima permitida legalmente (elevándola de 100 milisievert al año, a 250) que pueden recibir los trabajadores de una central nuclear. "Diecisiete trabajadores han recibido dosis de entre 100 y 180 milisievert", según el OIEA. En una zona con agua en la que se contaminaron tres empleados, el OIEA midió dosis de "400 milisievert por hora", lo que implica que en un cuarto de hora un trabajador recibiría la dosis de un año.
No hizo falta obligar a los obreros. El pueblo japonés encontrará una referencia moral en sus obreros cualitativamente más elevada que en sus gobernantes económicos y políticos:
“Mi padre se fue a la planta nuclear. Nunca había oído a mi madre llorar tanto. Pero nunca había estado tan orgullosa de él. Por favor papá, vuelve vivo” (Público, 26-03-2011).
El día 17 se puede por fin bombear agua por medio de helicópteros a los reactores de la central y a las piscinas recalentadas. La cuestión es que ahora, posiblemente, ya había empezado una reacción en cadena descontrolada en uno o varios de los reactores de la central nuclear. Ese método hubiera servido el primer día para tratar de trabajar con más seguridad, enchufando corriente eléctrica a la central para aprovisionar de energía a ésta y restablecer sus sistemas de refrigeración instalados, hoy inservibles por sucesivas explosiones, o por la corrosión producida por la cristalización continuada de la sal marina después de muchos días de acción de ésta.
Se empieza a bombear agua en el reactor número 3 porque este funciona con una mezcla de uranio más plutonio, mientras que el resto de reactores funcionan tan solo con uranio. El plutonio es mucho más radiactivo que el uranio, por lo que este reactor por sí solo, potencialmente es mucho más peligroso.
El fin de semana del 19 y 20 de marzo la atención mundial queda desplazada por la intervención imperialista en Libia. Hay resúmenes y balances dominicales pero las noticias, a partir del lunes siguiente, descienden en intensidad a pesar de que posiblemente estemos ante una reacción nuclear en cadena descontrolada en uno o más reactores nucleares. La “tranquilidad” venía dada, según nos explican, porque se enchufó un cable hasta las bombas de refrigeración en los días siguientes, en todos los reactores. La cuestión es que, una semana justa después, como veremos, los resultados son parcos en este aspecto.
El sábado 20, el Consejo de seguridad nuclear español informó de que Fukushima tenía otra piscina de combustible, “enorme”, que acumulaba desechos conjuntos de los seis reactores “sobre la que no se había suministrado información hasta ahora”.
Se detecta contaminación de diferentes tipos de alimentos en diferentes zonas cada vez más amplias, que acaban afectando a la región central donde se sitúa Tokio. El martes 22 la OMS dice que la contaminación de alimentos es un problema “grave”. La contaminación afecta también a un depósito de agua de la capital japonesa.
El jueves 24 y el viernes 25, con todo el mundo concentrado en Libia, la información sobre Japón pasa a mínimos en la prensa, una escasa página en los principales medios, informando sobre la mejora de los acontecimientos y de la radiactividad con efectos pasajeros sobre algunos alimentos.
Súbitamente, en este último fin de semana, todo cambia: se informan de incrementos sustanciales en los niveles de radiactividad. Tres trabajadores pisan charcos de agua radiactiva de 30 cm de altura en el reactor 3 (el que contiene plutonio además de uranio), que contienen 10.000 veces más radicación de lo habitual. “Un nivel tan alto de radiación podría significar bien que la vasija de contención del reactor número 3 está dañada, bien que las barras de combustible están parcialmente fundidas. En cualquier caso, una tragedia” (Público, 26-03-2011). Fue Hidehiko Nishiyama, portavoz de la agencia de seguridad nuclear japonesa, NISA, quien barajó en público ambas posibilidades, con lo que hizo saltar todas las luces de alarmas.
Horas más tarde, como viene siendo habitual, rectificó en sentido contrario.
El peligro de la radiación
Para aumentar la confusión, el Gobierno japonés, que hasta entonces había evacuado tan solo un perímetro de 20 kilómetros alrededor de la central, creando otro perímetro de 30 kilómetros donde sí se podía residir voluntariamente, animó a las decenas de miles de personas que todavía sobrevivían entre los 20 y 30 kilómetros “encerrados en sus casas”, a irse definitivamente. La Agencia de Seguridad Nuclear Japonesa (NISA) ha avisado de que pasarán meses, e incluso años, antes de que estas personas evacuadas pueden regresar a sus hogares.
El Gobierno norteamericano propuso despoblar un área mayor, de 80 kilómetros alrededor de Fukushima.
El día 15 de marzo se proporcionaron cifras oficiales por primera vez sobre el nivel de radiación registrados en la central: 400 milisieverts por hora. La cantidad que una persona promedio absorbe en un año de exposición a la radiactividad natural es de 2,4 milisieverts. El resultado ordinario de rayos X para un paciente ordinario es de una absorción de 1 milisievert.
En los últimos días ha cundido la desinformación sobre lo que significa realmente el peligro de la radiación. Se habla de exposición “segura”, “inofensiva” o “menos que peligrosa”. La verdad ques e no hay ningún nivel de exposición a la radiación, por pequeño que sea, que resulte inofensivo. Toda agencia científica que regula la contaminación radioactiva está de acuerdo en este punto. Es decir, cualquier tipo de aumento de la radiación sobre lo ordinario es un crimen para la salud.
Evidentemente también hay una diferencia entre estar afectado intermitentemente por una fuente de baja radiación (o alta), que es grave, a que en tu cuerpo entre una partícula radiactiva (o muchas), que son ellas mismas fuentes de radiación. La demagogia, por no hablar de continua falacia, que en este sentido se está utilizando por parte de algunos responsables de determinadas agencias nucleares raya en lo criminal, minimizando el que se incrementen los niveles de radiación.
Las autoridades francesas estimaron hace unos días, el 23 de marzo, que Fukushima había liberado ya una décima parte de radiactividad de la que se liberó en Chernobyl, Estos datos no incluían las piscinas de combustible gastado.
Posteriormente, el Gobierno japonés, para contrarrestar el efecto del informe francés, ha estimado que las emisiones radiactivas de Fukushima suponen alrededor del 1% de las emisiones de Chernóbyl. Aunque estas cifras son difícilmente comparables por varias razones: en Fukushima, una parte de la radiación se ha originado en las piscinas de combustible gastado, lo que significa según los expertos que los elementos radiactivos liberados son significativamente de más larga duración y más peligrosos para la salud que los de Chernóbyl.
La última valoración comparativa con Chernóbyl corrió a cargo del Instituto Central de Meteorología y Geodinámica de Austria, una institución oficial. Estima en este estudio que las emisiones de Fukushima ascienden “al 20% de Chernóbyl en yodo-131 y entre el 20 y el 60% en cesio-137″, utilizando datos de estaciones de medida en California y Japón.
Grossi, subdirector general adjunto de la OEIA, dijo el sábado 26 que no se producirá un nuevo Chernóbyl, porque allí "la liberación estuvo agravada por una explosión que liberó a la atmósfera una nube radiactiva monstruosa".
Ahora bien, aunque nunca ha habido un estudio serio sobre las consecuencias de Chernóbyl, fundamentalmente debido a la falta de recursos destinados a ello por la OEIA y la OMS, allí la liberación de energía radiactiva al espacio se paró cuando se vertió suficiente hormigón como para construir un sarcófago que encerrase al núcleo atómico de la central.
Diferentes expertos han reclamado ya esa solución para Fukushima. La cuestión es que ¿Haría falta hacer eso con un reactor, con dos…? No se sabe. La compañía eléctrica calla y el Gobierno también.
Por su parte, Greenpeace publicó este fin de semana un informe en el que eleva a nivel 7 el desastre de Fukushima, el mismo rango que Chernóbyl. Según el experto en seguridad nuclear Helmut Hirsch, la central japonesa ya ha liberado la suficiente cantidad de radiactividad como para ser calificado al máximo nivel según la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES).
El portavoz de la Agencia citada, NISA, Hidehiko Nishiyama, afirmó hoy domingo que beber medio litro de agua dulce con el actual nivel de radiactividad expondría a una persona a la dosis máxima permitida en un año. Claramente, no pueden negar la evidencia de los riesgos para la salud humana, que han sido públicamente dados a conocer en el público por otros medios científicos. Ahora bien, intentan minimizar y desviar riesgos a largo plazo en otros ámbitos:
“Nishiyama descartó que la contaminación suponga una amenaza para la vida marina y la seguridad en el consumo de pescado. ‘Hablando en general, el material radiactivo soltado al mar será dispersado por las corrientes, así que haría falta mucho más para que las algas y la vida marina lo absorbieran’ "(web El País, 27-03-2011).
Las mediciones aportadas anteriormente están basadas en yodo radiactivo, cuya radiactividad se reduce a la mitad en ocho días. TEPCO afirmó anteayer: "para cuando la gente coma productos del mar, las cantidades habrán disminuido probablemente de forma significativa". Al parecer, para la gente de Japón, la que más pescado consume del mundo y que más sabe de su arte culinario, el comer el pescado ¡¡A los 8 días de ser pescado para recibir sólo la mitad de la radiación 1850 veces permitida para la salud, es algo posible y natural!!
Resumiendo, a pesar de la desinformación o no, tenemos, diseccionando los datos opacos que lanzan la OIEA, el Gobierno japonés y TEPCO:
- Piscinas de desechos tóxicos dañadas
- Reactor número 2 donde puede haber habido fusión parcial del núcleo
- Reactor número 3 que parece agrietado (y con declaraciones anteriores donde se sospechaba que también había fusión parcial del núcleo)
Rafael Grossi, subdirector general adjunto de la OIEA, decía el sábado 26 a El País que “la situación en la central de Fukushima es grave” y que "en cualquier momento" puede degradarse ¿Qué significa esto a estas alturas? Esperamos que no lo que imaginamos.
Hasta ahora, la estrategia ha sido restablecer la conexión eléctrica (seriamente dañada por los problemas que hemos mencionado) para refrigerar de esta manera a los reactores, los cuales no sabemos con exactitud hasta qué punto están dañados, aunque los niveles altísimos de radiación de los dos últimos días sugieren un daño estructural en algún lado.
Hirose Takashi es un experto en energía nuclear que concedió una entrevista, parte de la cual apareció en REBELIÓN (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=124946 ). En ella ofrece su testimonio:
“Si se quiere enfriar un reactor con agua, hay que hacer circular el agua por dentro para sacar el calor, cualquier otra cosa no tiene sentido. La única solución es el restablecimiento del suministro eléctrico. Lo otro [verter agua encima del reactor] es como volcar agua en la lava (…) Durante una semana han estado volcando agua allí. Y el agua es salada. Si pones agua salada en un horno caliente, ¿qué pasa? Produces sal. La sal entra en las válvulas y las paraliza (…)”
Esta entrevista es de ¡Hace más de una semana!... Parece que, ahora, se ha empezado con agua destilada a volver a enfriar dos de los cuatro reactores afectados por explosiones. Pero, independientemente de eso, la situación en los reactores 1,2 y 3 es problemática, con altísimos niveles de radiactividad.
Si esto no funciona, pueden hacer falta medidas más drásticas como enterrar la central en arena y hormigón. Nuevamente, parece haber un problema de prestigio de la compañía, del Gobierno, y hasta de la OIEA para resistirse a esta opción ¡Sería la solución Chernóbyl! ¡Y Japón no es Chernóbyl! ¡Ni la OIEA es igual que la agencia nacional de seguridad nuclear soviética! Más adelante, veremos que no sólo es una cuestión de prestigio.
Sí hay otra versión sobre lo sucedido. Sí hay otras alternativas
Nosotros acusamos al Sistema.
En cualquier caso, la actuación de la empresa (como de otras tantas de su ramo) está probada criminal desde hace décadas, y como tal debe ser juzgada.
Hay más casos. Construir una central nuclear en una falla terrestre, teniendo en consideración el nivel de conocimientos técnicos actuales, es una muestra de la negligencia que recorre el sistema de explotación económico en que vivimos. La planta nuclear de Tokai, a mitad de camino de Tokio y Fukushima, está en la unión de dos fallas locales, al igual que la mencionada antes y accidentada en el 2007 de Kashiwazaki Karina. Lógicamente, con la sabiduría actual, el peligro de que haya un desastre todavía mayor que el de Fukushima es mayor en estas dos plantas. Supone un acto de irresponsabilidad no cerrarlas de inmediato.
Construir una central nuclear a pie de playa, en el lugar mismo de donde proviene la palabra ‘tsunami’ ¿Cómo es posible? ¿Por qué se han ubicado en Japón tantos reactores al lado del mar en una zona propensa a maremotos? La Union of Concerned Scientists lo ha documentado con precisión: por razones económicas. No hay que pagar por el agua del mar, sale muy barata, rebaja costes y aumenta beneficios, especialmente en un país sin ríos de caudal importante.
La negligencia y falta de previsión es escandalosa y solo puede ser atribuible racionalmente al ocultamiento de información básica por motivos de prestigio que ponen en cuestión el diseño básico de esta central (es decir, de otras muchas en todo Japón), que deberían así ser cerradas de inmediato, lo que pondría en la picota a casi todas las grandes eléctricas japonesas, con consecuencias importantes para el resto de multinacionales exportadoras japonesas. Esto, a su vez, también afectaría a esta industria a nivel mundial, y a la producción mundial a corto plazo. No hace falta explicar que la mayoría de centrales nucleares del mundo no cuentan con las medidas de seguridad que existen en Japón, ni las más generales, ni las más particulares contra los sísmos.
La situación generada por la locura de la producción capitalista, que lleva a la búsqueda mezquina del máximo de beneficios por parte de las multinacionales, ha llevado a una confabulación enorme de ocultación de la realidad, que afecta al conjunto del poder establecido en Japón y que, tal como revelan los cables de Wikileaks, no es nueva en absoluto.
Para el Estado japonés, a su vez, con una Deuda pública que llega ya al 204% del PIB, con daños que reparar por el doble cataclismo natural que puede que asciendan al 8% de su PIB, el tener que hacer frente a una factura suplementaria para limpiar y hacer frente al cierre de las centrales japonesas va a suponer una dolorosa carga.
El modelo japonés entró probablemente en una nueva crisis. Varias centrales nucleares deben ser cerradas ya y eso plantea un coste decisivo sobre los costes energéticos de las industrias instaladas allí, buena parte de las cuáles pueden pensar en deslocalizar parte de la producción. Evidentemente, va a haber resistencias a admitir esta situación.
Con los datos en la mano, todos los organismos internacionales y buena parte de los nacionales de seguridad nuclear, han perdido toda credibilidad por su ligazón material a los intereses de los capitalistas del sector. En la industria más delicada y peligrosa; en el país que tecnológicamente más nos maravilló en los últimos 50 años; en el país donde, con todas estas condiciones junto con su riesgo geológico, más seguros tenían que haber sido los protocolos de seguridad, éstos han fallado una y otra vez ¡Y hubo avisos! ¡Vaya si los hubo!
La acción de los pulpos energéticos está estrechamente vinculada a la anarquía del modo de producción capitalista, que también incluye una sobreproducción de mercancías que consumen energía excesivamente -como la industria automotriz, emblema de la industria nipona. Por lo tanto, la única crítica realista que se puede desarrollar frente a la crisis nuclear es que sólo con una reorganización social sobre nuevas bases puede plantearse un desarrollo sustentable para la humanidad, sobre la base de una planificación de sus recursos y sus necesidades.
¿Cómo podemos confiar en este sistema? ¿Qué industria es segura? ¿Qué alimentación es sana y segura? Preguntémonos a nosotros mismos lo que implica la lógica de la dominación del capital financiero, de las grandes empresas y compañías de seguros, que solo buscan sus resultados a corto plazo. Hoy en día, la calidad de muchos productos se resiente en demasía, debido a la presión del corto plazo del capital financiero, ni siquiera los antaño prestigiosos grupos industriales realizan una inversión de recursos con visión a largo plazo. La propia crisis del capital financiero, cuyos valores ficticios son sostenidos por los Gobiernos cueste lo que cueste, amenaza con devorar y arrastrar tras de sí a muchos grupos industriales. Este es el capitalismo senil en todo su apogeo.
La cuestión es que, bajo el capitalismo, ni siquiera la industria concebida y planificada a más largo plazo, se libra de que está concebida “para buscar beneficios” y “más beneficios que la competencia”.
Todo está en cuestión para estos grandes propietarios que quieren más y más. Si miramos a nuestro alrededor, desde la energía, hasta la salud, la jubilación, el ocio... Y, finalmente, el medio ambiente y, con él, el futuro físico de nuestros hijos. El capitalismo nos lleva a un callejón sin salida y, en definitiva, a la crisis del planeta.
Rebelión
jueves, 17 de marzo de 2011
Varón, mayor de 40 años y fumador o ex-fumador es el perfil del paciente EPOC
REUNIÓN DE EXPERTOS
MADRID, 17 Mar. (EUROPA PRESS) -
En España el perfil del paciente con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es el de varón, mayor de 40 años y fumador o ex-fumador, aunque los expertos alertan sobre la creciente incidencia del número de casos en mujeres debido al hábito de fumar en esa población.
Así lo han indicado los expertos que se reunirán este jueves y viernes en Barcelona en la VI Reunión de EPOC, organizada por el Grupo de Trabajo de EPOC de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que recuerdan que su principal causa es el humo del tabaco, en fumadores activos y pasivos.
En este sentido, los expertos insisten en que la EPOC es una de las mayores causas de mortalidad y carga asistencial en nuestro país, ya que afecta al 10 por ciento de la población de entre 40 y 80 años, con un "alto porcentaje de infradiagnóstico".
Además, una de las principales características de la EPOC es el alto grado de comorbilidades que presenta con otras enfermedades, debido a su base inflamatoria y la afectación sistémica que provoca, de tal manera que, como destaca el coordinador del Grupo de Trabajo de EPOC de la SEMI, Pere Almagro Mena, "las principales causas de mortalidad en la enfermedad se deben a insuficiencias respiratorias, enfermedades cardiovasculares y neoplasias".
A ello se une que las manifestaciones clínicas y alteraciones funcionales de la EPOC aparecen en la fase avanzada de la enfermedad, por lo que la detección puede ser tardía. De hecho, "mientras el paciente permanece estable, su deterioro es muy lento, por lo que se habitúa a las limitaciones que provoca durante años", advierte Almagro.
De hecho, según datos de la OMS, se estima que, si no se realizan intervenciones (principalmente sobre el humo del tabaco) para reducir los riesgos, las muertes por EPOC aumenten en más de un 30 por ciento en los próximos 10 años.
MADRID, 17 Mar. (EUROPA PRESS) -
En España el perfil del paciente con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es el de varón, mayor de 40 años y fumador o ex-fumador, aunque los expertos alertan sobre la creciente incidencia del número de casos en mujeres debido al hábito de fumar en esa población.
Así lo han indicado los expertos que se reunirán este jueves y viernes en Barcelona en la VI Reunión de EPOC, organizada por el Grupo de Trabajo de EPOC de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que recuerdan que su principal causa es el humo del tabaco, en fumadores activos y pasivos.
En este sentido, los expertos insisten en que la EPOC es una de las mayores causas de mortalidad y carga asistencial en nuestro país, ya que afecta al 10 por ciento de la población de entre 40 y 80 años, con un "alto porcentaje de infradiagnóstico".
Además, una de las principales características de la EPOC es el alto grado de comorbilidades que presenta con otras enfermedades, debido a su base inflamatoria y la afectación sistémica que provoca, de tal manera que, como destaca el coordinador del Grupo de Trabajo de EPOC de la SEMI, Pere Almagro Mena, "las principales causas de mortalidad en la enfermedad se deben a insuficiencias respiratorias, enfermedades cardiovasculares y neoplasias".
A ello se une que las manifestaciones clínicas y alteraciones funcionales de la EPOC aparecen en la fase avanzada de la enfermedad, por lo que la detección puede ser tardía. De hecho, "mientras el paciente permanece estable, su deterioro es muy lento, por lo que se habitúa a las limitaciones que provoca durante años", advierte Almagro.
De hecho, según datos de la OMS, se estima que, si no se realizan intervenciones (principalmente sobre el humo del tabaco) para reducir los riesgos, las muertes por EPOC aumenten en más de un 30 por ciento en los próximos 10 años.
OMS critica que "sólo el 5% del gasto sanitario se dedique a la prevención primaria"
La prevención evitará "millones de fallecimientos"
La OMS critica que "sólo el 5% del gasto sanitario se dedique a la prevención primaria"
Directorio
AVILÉS/OVIEDO, 17 Mar. (EUROPA PRESS) -
La directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), María Neira, ha criticado este jueves en Avilés que "sólo el 5 por ciento del gasto sanitario se dedique a la prevención primaria".
Neira ha sido la encargada de impartir la primera charla de la Conferencia Internacional 'Determinantes Ambientales y Ocupacionales del Cáncer. Intervenciones de Prevención Primaria', que ha inaugurado la princesa de Asturias en el centro cultural Oscar Niemeyer.
Neira ha insistido en la importancia de la prevención que, además, puede suponer beneficios económicos. Ha aludido a informes propios de la OMS, que señalan que se podrían prevenir 521.000 muertes por cáncer. Documentos de otros expertos elevan esta cifra hasta 1,3 millones de fallecimientos que se podrían evitar. "Esto es sólo la punta del iceberg, del que gran parte ni siquiera conocemos", ha dicho.
La directora de Salud Pública de la OMS ha hecho alusión a una serie de elementos y factores que pueden provocar cáncer, así como las soluciones que se pueden tomar para reducirlos. El más preocupante, en su opinión, es el radón, un gas natural radioactivo "cuya exposición causa entre 70.000 y 220.000 cánceres de pulmón al año".
"La percepción pública que se tiene del radón es de un riesgo cero para la población, que sin embargo nos pide que miremos las consecuencias del uso del móvil", ha indicado Neira. Lo mismo ocurre con los campos electromagnéticos, "que generan miedo social, cuando no hay estudios que así lo indiquen".
Los fumadores pasivos "siguen siendo uno de los problemas de la salud pública más importantes", según ha indicado Neira. Ha señalado que, aunque se están aplicando soluciones, "todavía hay un 26% de la población mundial que vive en países donde no hay legislación al respecto".
Las lámparas de bronceado, el uso de radiaciones en hospitales, la contaminación ambiental, el amianto o el arsénico contaminante son otros de los factores que causan cáncer, según ha señalado Neira. Ha hecho hincapié en la necesidad de crear una legislación que proteja a los trabajadores, dado que hay más de 110.000 cánceres de pulmón que se diagnostican cada año que previenen del ámbito laboral.
La OMS critica que "sólo el 5% del gasto sanitario se dedique a la prevención primaria"
Directorio
AVILÉS/OVIEDO, 17 Mar. (EUROPA PRESS) -
La directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), María Neira, ha criticado este jueves en Avilés que "sólo el 5 por ciento del gasto sanitario se dedique a la prevención primaria".
Neira ha sido la encargada de impartir la primera charla de la Conferencia Internacional 'Determinantes Ambientales y Ocupacionales del Cáncer. Intervenciones de Prevención Primaria', que ha inaugurado la princesa de Asturias en el centro cultural Oscar Niemeyer.
Neira ha insistido en la importancia de la prevención que, además, puede suponer beneficios económicos. Ha aludido a informes propios de la OMS, que señalan que se podrían prevenir 521.000 muertes por cáncer. Documentos de otros expertos elevan esta cifra hasta 1,3 millones de fallecimientos que se podrían evitar. "Esto es sólo la punta del iceberg, del que gran parte ni siquiera conocemos", ha dicho.
La directora de Salud Pública de la OMS ha hecho alusión a una serie de elementos y factores que pueden provocar cáncer, así como las soluciones que se pueden tomar para reducirlos. El más preocupante, en su opinión, es el radón, un gas natural radioactivo "cuya exposición causa entre 70.000 y 220.000 cánceres de pulmón al año".
"La percepción pública que se tiene del radón es de un riesgo cero para la población, que sin embargo nos pide que miremos las consecuencias del uso del móvil", ha indicado Neira. Lo mismo ocurre con los campos electromagnéticos, "que generan miedo social, cuando no hay estudios que así lo indiquen".
Los fumadores pasivos "siguen siendo uno de los problemas de la salud pública más importantes", según ha indicado Neira. Ha señalado que, aunque se están aplicando soluciones, "todavía hay un 26% de la población mundial que vive en países donde no hay legislación al respecto".
Las lámparas de bronceado, el uso de radiaciones en hospitales, la contaminación ambiental, el amianto o el arsénico contaminante son otros de los factores que causan cáncer, según ha señalado Neira. Ha hecho hincapié en la necesidad de crear una legislación que proteja a los trabajadores, dado que hay más de 110.000 cánceres de pulmón que se diagnostican cada año que previenen del ámbito laboral.
domingo, 13 de marzo de 2011
Accidentes nucleares. ¿Fue Chernóbil: la última advertencia? La Mentira, el idioma usual.
Dado el estado de las cosas, los cuestionables logros obtenidos por nuestra generación en la era de las máquinas son tan peligrosas como una cuchilla de afeitar en manos de un niño de tres años. La posesión de unos medios de producción extraordinarios no ha aportado libertad, sino preocupaciones y hambrunas. Lo peor de todo es el desarrollo técnico que posibilita los medios para la destrucción de la vida humana, y los productos de laboratorio creados con tanto esfuerzo.
Albert Einstein
Quienes hablan, hoy, de seguir construyendo reactores nucleares no han comprendido nada de la tragedia de Chernóbil. Y Chernóbil era, quizá, la última advertencia de la que podíamos aprender, si es que ha de existir en el futuro una humanidad libre sobre una Tierra habitable.
Mi convicción personal es que la única energía nuclear limpia y segura, que hemos de reivindicar sin tregua, es la de las reacciones de fusión que tienen lugar en el interior del sol y nos llegan luego en forma de bendita luz solar que caldea la atmósfera, mueve los vientos y nutre la vida.
Jorge Riechmann (2007). Presidente de CiMA
Más de 140 mil personas han sido evacuadas de los alrededores de las centrales nucleares de Fukushima ante el peligro de su explosión
Gobiernos y medios occidentales minimizan la catástrofe nuclear en Japón
TEPCO pide al gobierno que declare el estado de emergencia
Los grandes medios de comunicación y los gobiernos occidentales están tratando de maquillar y ocultar las informaciones sobre la que es, sin duda, una de las mayores catástrofes nucleares ocurridas. Según los datos ofrecidos por la agencia de seguridad nuclear japonesa, los daños causados por el terremoto en la central nuclear de Fukushima han sido catalogados como un accidente de nivel cuatro en una escala de siete, lo que le sitúa por detrás de los sucesos de Chernobil y Three Mile Island. Pero la situación nuclear en Japón es gravísima: 11 centrales están detenidas, 5 reactores tienen problemas graves de refrigeración y se multiplican los riesgos de una explosión nuclear. Más de 140.000 personas han sido evacuadas.
A la explosión ocurrida a las 16.00 hora local (07.00 GMT) de ayer, después de una sacudida en la que se derrumbaron el techo y las paredes que albergaban el reactor, siguieron varias réplicas del terremoto que afectó a Japón el viernes.
Tanto el gobierno de Japón como la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) intentaron minimizar la magnitud de la tragedia. En rueda de prensa, el ministro portavoz de Japón, Yukio Edano, manifestó que la explosión no fue en el reactor, que se debió a una reacción química entre hidrógeno y oxígeno y aseguró que no se había generado una fuga radiactiva importante e, incluso, que había bajado el nivel de radiactividad en la zona.
Con respecto a la orden de evacuación, en un radio de veinte kilómetros en torno a la central, Edano insistió en que se trataba de una medida de "prevención" puesto que no había un riesgo específico.
La AIEA por su parte informó de que las autoridades trataban de verificar, tras la deflagración, las condiciones en que había quedado el reactor, que aparentemente no había sufrido daños.
Ese fue el mensaje tranquilizador difundido por los grandes medios de prensa y los gobiernos occidentales pese a que los efectos del accidente fueron clasificados en un nivel cuatro en una escala de siete. En esta escala, el accidente de Three Mile Island, en Pensilvania, en 1979, está valorado de nivel cinco, mientras que el desastre nuclear de Chernobil en 1986, el más grave de la historia de esta industria, representa un siete sobre siete.
Tras el seísmo el nivel de radiactividad en la planta 1 de Fukushima alcanzó hasta mil veces su nivel habitual en la sala de control de un reactor y hasta 70 veces su nivel cerca de la entrada principal de la central.
La realidad sin embargo es otra. Según la cadena local NHK a lo largo de la tarde noche de ayer los responsables de la central nuclear (la empresa Tokyo Electric Power Company -TEPCO-) habrían intentado inyectar agua de mar al reactor para refrigerarlo, pero las operaciones debieron ser suspendidas a causa de un nuevo temblor de tierra y el temor a un tsunami (1).
A esas horas más de 83.000 personas estaban siendo evacuadas de la zona en un radio de 10 km alrededor de las centrales Fukushima 1 y Fukushima 2 (2). En estas dos plantas siete reactores fueron detenidos de urgencia para tratar de evitar la fuga de vapor radiactivo y disminuir la temperatura y la presión de la central nuclear (3). TEPCO anunció que sólo 1 de los 4 reactores detenidos en la central Fukushima 2 estaba en parada fría (4). Según la empresa, el nivel de agua era muy bajo en el reactor 2 de Fukushima 1 y la presión muy alta en los reactores 2 y 3. (5).
Solicitud de estado de emergencia
A la 1.00 h. de la madrugada (hora local) TEPCO advirtió de que el reactor 3 estaba siendo insuficientemente refrigerado al no poder hacer llegar agua a la vasija del reactor para su refrigeración y solicitó al gobierno la declaración del estado de emergencia. "Todas las funciones para mantener el nivel de refrigeración están averiadas", aseguró un portavoz de la empresa. (6)
En esos momentos, según la AIEA, alrededor de 140.000 personas estaban siendo evacuadas en un radio mayor de las dos centrales nucleares y se les estaba suministrando yodo para evitar la formación de cánceres. Sin embargo Asahi TV reportó informes según los cuales residentes locales habrían sido diagnosticados con envenenamiento por radiación. Al menos 190 personas podrían estar afectadas. Muchos de los residentes de la zona de evacuación o con muestras de exposición a la radiación fueron separados del resto. (7)
Tras la alerta de TEPCO, la Agencia de Seguridad Nuclear de Japón admitió que estaba teniendo lugar una fusión parcial en el corazón del reactor nuclear número 1 (Fukushima 1), y que otros 3 tenían problemas de temperatura (reactores 1, 2 y 4 de Fukushima 2). (8)
Fuentes:
(1) NHK a las 17h35 del 12.03.11 http://www.tepco.co.jp/en/press/corp-com/release/11031231-e.html
(2) http://edition.cnn.com/2011/WORLD/asiapcf/03/12/japan.nuclear/
(3) http://www.tepco.co.jp/en/press/corp-com/release/11031233-e.html
(4) http://www.tepco.co.jp/en/press/corp-com/release/11031233-e.html
(5) http://www.tepco.co.jp/en/press/corp-com/release/11031229-e.html
(6) http://groupes.sortirdunucleaire.org/blogs/alerte-nucleaire-au-japon-apres-un/article/reacteur-3-en-panne-de-systeme-de
(7) http://www.beyondnuclear.org/home/2011/3/12/people-around-fukushima-reactor-suffering-radiation-poisonin.html
(8) http://groupes.sortirdunucleaire.org/blogs/alerte-nucleaire-au-japon-apres-un/article/4-autres-reacteurs-presentent-des
Capítulo XI de E. Rodríguez Farré y S. López Arnal, Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y en el medio ambiente, Barcelona, El Viejo Topo, 2008, pp. 179-194.
Sobre el accidente en la central nuclear de Chernóbil, del que no hace mucho se cumplieron 20 años, hubo una fuerte polémica en torno a sus efectos reales que aún sigue coleando. Se ha dicho que la potencia radiactiva del accidente (o de la catástrofe, como se prefiera) fue entre 50 y 100 veces la potencia de la bomba arrojada en Hiroshima. Desde fuentes oficiales se habló de un número reducido aunque importante de fallecidos, mientras que desde otras fuentes independientes se afirmaba que esa información había sido una gran manipulación, una falsificación desmedida y que los fallecidos y perjudicados fueron muchísimos más. Se han dado cifras de más de dos millones de ucranianos afectados, unos 700.000 de los cuales eran niños. Viktor Bryukhanov, el director de la central nuclear en el momento del accidente, ha acusado a las autoridades políticas de proteger ante todo la industria militar con mentiras, acusación que no excluye algunos sectores de las comunidades científicas. Tampoco han quedado al margen de sus críticas países y gobiernos poderosos -EEUU, Japón, Francia y Reino Unido- que, según él, ocultan las causas reales de los accidentes nucleares. Podrías explicarnos algo de esta polémica y por qué, desde posiciones oficiales u oficiosas, no se reconoce lo que realmente pasó y los dañinos efectos que ocasionó.
Es un tema que nos llevaría muy lejos. Un mínimo desarrollo exigiría un tratamiento largo y tendido. Intentaremos explicar aquí lo más importante.
Se creó, efectivamente, una importante polémica y no es casualidad que apareciese recientemente. El origen de ello es un informe que salió a la luz en septiembre de 2005, informe que se publicitó mucho medio año después. Apareció como un documento de la OMS, de la Organización Mundial de la Salud, en el que se nos iba a decir la verdad sobre Chernóbil y en el que se daba “la versión definitiva” de los efectos.
Mucha técnica publicitaria como ves. Es muy espectacular como, por ejemplo, presentaron el resumen de prensa. Está escrito en inglés: “Chernobyl: the true scale of the accident; 20 Years Later a UN Report Provides Definitive Answers and Ways to Repair Lives”. ¡La verdad definitiva sobre Chernóbil!
El informe, tal como fue comunicado, es un libro de más de 600 páginas, editado en tres volúmenes, del que se publicó por la AIEA una versión sinóptica de 55 páginas (Chernobyl’s Legacy: Health, Environmental and Socio-Economic Impacts) que es en realidad lo que se presentaba a los medios. En cambio, el breve texto que tanto ha impactado a la prensa es un resumen de 6 o 7 páginas, al que realmente, desde un punto de vista científico, no se le puede dar ningún valor. En él se afirma que según los datos del Informe unas 4.000 personas pueden llegar a fallecer a lo largo del tiempo -que en el informe completo se precisa en un período de 70 años- por la exposición a la radiación liberada hace 20 años en al accidente, que seguramente no va a haber más muertos y que la gente se puede reinstalar en los territorios afectados.
Prácticamente es una apología del retorno al uso de la energía nuclear. Esto es en resumen lo que viene a decir el informe que causó grave sorpresa y gran controversia. No era para menos.
Pero el informe fue publicado por la OMS. ¿No es así? Por lo tanto, en principio, es creíble, no es mera publicidad.
Efectivamente. Este informe se ha publicado y publicitado por la OMS pero ocurre con él lo que ya hemos comentado. En realidad, el estudio ha sido elaborado fundamentalmente por la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) de Viena. Desde 1959 existe un convenio por el que la OMS, para cualquier asunto relacionado con cuestiones nucleares, remite y se pone de acuerdo con esa agencia atómica. El convenio estipula, entre otras restricciones, que los estudios de la OMS en materia nuclear, previamente a su publicación, deben ser revisados por la AIEA, no deben ser negativos con la Agencia ni tampoco deben impedir la promoción de la energía nuclear. La Agencia se fundó, en la época de los “átomos para la paz”, por la Organización de las Naciones Unidas, para promocionar el uso de la energía nuclear, por un lado, y por otro, cuando se firmó el TNP, el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, para vigilar, de ahí su actual intervención en el caso de Irán, y de paso su flagrante inhibición en las actividades atómicas de otros países. Aún hoy en día en sus publicaciones aparece el eslogan “Atoms for Peace”. Si uno entra en la web de la agencia, verá que todo lo que allí se afirma es una defensa del uso de la energía nuclear. No olvidemos que es una agencia de la energía atómica. Ahora están con un foro, que ya existe desde hace años, para promocionarla como solución a Kyoto, como energía limpia, como energía moderna, en neta coincidencia con las posiciones de la administración del presidente en Jefe Bush II.
No deben ser pocas las presiones políticas.
Exactamente. Se dan aquí todas las presiones políticas que puedas imaginarte y algunas más. Cuando se mira con detalle el informe al que nos estábamos refiriendo, y aunque se ha publicitado como un informe de la OMS científico e independiente, se observa que los créditos otorgados para su realización provienen de un ente denominado “The Chernobyl Forum” compuesto por la AIEA, los gobiernos de la Federación Rusa, de Bielorrusia y de Ucrania, el Banco Mundial, el UNSCEAR (United Nations Scientific Committee on the Effects of Atomic Radiation), institución de vida más bien lánguida, y otros organismos de la ONU sin relación con la cuestión (UNSP, FAO). A la OMS la han incluido también pero más bien como adorno, para no levantar sospechas, para ganar credibilidad científica. De hecho, el tal Foro no deja de ser una entidad nominal.
Desde un punto de vista científico, metodológico, ¿cuál es tu opinión sobre este informe? ¿Te parece un buen informe?
El informe una vez se analiza, y téngase en cuenta que es muy prolijo y que es realmente muy técnico, presenta numerosos sesgos derivados de las limitaciones y objetivos originarios impuestos al estudio. Ha sido realizado sobre áreas muy pequeñas de Ucrania, de Rusia y de Rusia Blanca (Bielorrusia o Belarus), sobre áreas contaminadas claro está, pero que no representan exactamente ni de lejos todas las áreas afectadas. No representan en absoluto las áreas de esos países ni del resto de Europa que sufrieron alteraciones importantes por el accidente. Lo mismo puede decirse sobre la población considerada para estimar los efectos de la contaminación radiactiva. Las cifras proporcionadas por el Informe "los antes citados 4.000 casos de cánceres que podrían llegar a producirse, por ejemplo" se refieren tan solo a un grupo de alrededor 600.000 personas, mientras que la población que vive en las áreas contaminadas de Ucrania, Rusia Blanca y Federación Rusa alcanza, según los informes de estas mismas repúblicas, los cinco millones. Y esa cifra también puede considerarse una subestimación.
Creándose, por lo tanto, una importante confusión sobre estos temas.
Efectivamente. Un ejemplo de la confusión generada sobre la cuestión lo podemos encontrar en otro comunicado de prensa de la misma OMS efectuado el 26 abril de 2006 con motivo del vigésimo aniversario del accidente. En este caso la OMS es más prudente que en el comunicado anterior —quizá por las numerosas críticas recibidas— y se refiere a un nuevo Informe, publicado por ella (Ginebra 2006), sobre los efectos sanitarios. Aquí, aquellos 4.000 posibles cánceres mencionados en septiembre, se elevan a 9.000 y se constata que alrededor de 5.000 niños y adolescentes en el momento del accidente han sido diagnosticados de cáncer de tiroides, y que es muy probable que nuevos casos de este tipo de cáncer sigan produciéndose en el futuro. Acepta, además, que más de cinco millones de personas (¡cinco millones!) siguen viviendo en la actualidad en áreas contaminadas con material radiactivo. Aquí conviene ir a los datos originales del mismo Informe, donde se constata que considera sólo a los residentes —los cinco millones mencionados— en áreas con niveles de cesio radiactivo (Cs 137) superiores a 37.000 Bq/m2 en Bielorrusia, Ucrania y Federación Rusa. La población de territorios con actividades inferiores se ignora. Por otra parte es asombroso que, según dicho Informe, alrededor de 270.000 personas sigan viviendo en áreas que la extinta Unión Soviética clasificó como “zonas estrictamente controladas”, territorios donde la radiactividad supera los 555.000 Bq/m2.MO
Antes he comentado que en la República Checa se han realizado recientemente trabajos de investigación, que han sido publicados en revistas científicas internacionales, sobre la muy alta tasa de cánceres de tiroides que aparecieron a lo largo de los cuatro o cinco años inmediatamente siguientes al accidente, y sobre otro tipo de fenómenos patológicos. Estos son los pocos datos que se tienen sobre estas áreas externas a la antigua Unión Soviética. Pero dentro de las tres repúblicas mencionadas de lo que fue la URSS –Rusia, Ucrania, Biolerrusia-, el estudio se restringe sólo a determinadas áreas, seleccionadas además con criterios un tanto oscuros.
En cuanto a la metodología seguida.
Es altamente discutible la metodología que se ha empleado. Leyendo el informe con atención ves que incluso hay una gran incertidumbre sobre el tipo de métodos que se han seguido.
Al mismo tiempo ha aparecido, también recientemente, un estudio de la Academia de Ciencias de la Federación Rusa que han publicado en forma de libro y que es también altamente crítico con aquel informe. Se calcula en este estudio de la Academia de Ciencias que han sido más de 200.000 las personas afectadas a lo largo de estos 20 años.
En el estudio de la OMS, por ejemplo, no queda en absoluto claro como cuentan y estudian a los famosos liquidadores, aquellos millares de personas —unas 250.000 sólo en 1986 y 1987— que intervinieron inmediatamente para construir el famoso sarcófago de Chernóbil con el que se cubrió el reactor destrozado. El informe de la AIEA/OMS habla de 15 fallecidos entre estas personas. Los mismos datos rusos los aumentan a centenares. Seguramente, entre 800 y 1.000 de estas personas murieron por efecto de la radiación aguda.
Nos encontramos, pues, que el estudio de la Academia de Ciencias de la Federación Rusa establece cifras diez veces superiores respecto al estudio de la OMS/AEIA. Insisto: ¡10 veces más!, no una mera diferencia de matiz o de redondeo de la última cifra.
Hay, además, otros informes científicos que también establecen datos muy distintos, que en absoluto coinciden con el informe de la OMS.
Para ti,¿ qué cifras son las más correctas?
Desde un punto de vista estrictamente científico, yo no puedo saber, Salvador, cuáles son las cifras exactas o qué cantidades reflejan mejor la realidad de los hechos. Los datos disponibles indican que hubieron, que hay afecciones, pero no existe ningún estudio global de todas las zonas contaminadas de Europa que indique cuántas afecciones se han producido realmente. Existen informes parciales, como éste que explicaba de Chequia; existe también el informe de la Academia de Ciencias de Ucrania, en todos ellos se dan cifras muchísimo más altas que las que cita este informe de la AIEA/OMS.
Existen, además, investigaciones y datos que no han sido publicados. Durante muchos años, en lo que fue la extinta Unión Soviética, todos estos informes fueron reservados.
¿Se han publicado datos sobre la contaminación producida por el accidente en otros países europeos?
Tampoco, tampoco. Francia, por ejemplo, nunca ha publicado datos de la contaminación producida por Chernóbil. Recuerdo lo que pasaba cuando cruzabas el Rin en aquella época. En Alemania y Suiza, al cabo de los años, seguían y siguen manteniendo reservas y controles sobre cierto tipo de setas, sobre ciertos productos silvestres, porque el estroncio 90 y el cesio 137 están allí, permanecen allí, y si se cruza el Rin en dirección a Francia, los bosques, claro está, siguen siendo los mismos, los territorios no han cambiado, pero, mágicamente, parece que existiera una frontera “nacional” que hubiera parado la radiación. En Francia, como es sabido, casi todas las cuestiones radiactivas son reservadas.
Tenemos actualmente informes sobre zonas contaminadas de Inglaterra, datos que muestran, lo que es muy paradójico, que no hay unos criterios uniformes de análisis. Al mismo tiempo, en el mismo momento, en Bielorrusia, por ejemplo, se aceptan unos límites para la leche; en cambio, en Rusia se aceptan otros, y en Ucrania otros distintos, y estos límites no están próximos en absoluto, varían desde los 20 hasta los 200 becquerelios por litro en estas tres repúblicas. No hay siquiera unos criterios de protección homogéneos y, no olvidemos, que sigue habiendo radiactividad en muchos productos de estas zonas. Lo que pasa es que se han considerado o se quieren considerar seguros ciertos valores y entonces se dice de cara a la tranquilidad de la opinión pública que aquí no pasa nada, que no hay ningún peligro.
En tu opinión, ¿qué debería haberse hecho? ¿Cómo debería haberse obrado si se hubiera querido obrar correctamente?
Lo que debería haberse hecho, como ya hemos comentado antes, es haber establecido un sistema paneuropeo de radiovigilancia y de estudio de los efectos. No existe tal sistema. Entonces, frente a un informe como el que comentamos, yo, que no acostumbro a ser tan tajante, considero en este caso que no tiene valor científico alguno, que no podemos considerar ni dar valor al estudio de la Agencia Internacional de Energía Atómica.
Hay otros informes de la OMS, en los que al parecer no ha intervenido tanto la Agencia, que son muy distintos, aunque son muy técnicos, y, sobre todo, cuando uno se remite a lo único que tiene valor, a lo único válido desde un punto de vista riguroso, aunque desde luego también sea bueno mantener ciertas reservas, es decir, a los análisis científicos publicados en revistas reconocidas con comités de revisión por pares. Estos datos nos indican precisamente que el informe de la Agencia Internacional no se sostiene en absoluto.
¿Cuáles son entonces los datos reales?
Como te decía, no lo podemos saber con precisión. Unos hablan de 200.000 personas, otros de 50.000, nadie puede decirlo con seguridad. Lo que sucede es que las cifras de valores tan bajos no pueden ser aceptadas cuando ya tenemos datos de aquella época en los que la misma gente que estuvo trabajando directamente en la central, y los datos sanitarios de la propia URSS, señalaban que hubo una mortalidad importante y existen, además, otras investigaciones publicadas que aseguran que en determinadas zonas ya tuvieron en aquellos momentos niveles altos de mortalidad. Tampoco podemos hacer mucho caso de lo que, a veces, son básicamente reportajes periodísticos. Con todos mis respetos hacia el buen periodismo, hay informes de este tipo que son poco rigurosos.
¿Puedes precisar un poco más? ¿A qué te refieres exactamente?
Pues, por ejemplo, cuando se dice: he hablado con una campesina y me ha dicho que los terneros le nacen con dos cabezas o que hay “montones” de niños, sin más precisión, con malformaciones. Este tipo de informaciones no tiene valor científico. Para obtener buenos resultados hay que aplicar una metodología estricta. Los instrumentos, para poder analizar lo que ha ocurrido, son conocidos, los tenemos, están a nuestro alcance. En los casos concretos en que se ha seguido una buena metodología, en el estudio del cáncer de tiroides por ejemplo, es innegable que ha habido un impacto muy importante. No podía ser de otro modo.
En definitiva, no es que no puedan realizarse buenos estudios, sino que no quieren hacerse investigaciones independientes que tengan el conocimiento verificable de los hechos como finalidad central. Los intereses políticos y económicos nuevamente están situados en el puesto de mando; el dinero hace girar el mundo, cantaba Liza Minnelli y aquel inolvidable presentador en Cabaret. Money, money, money...era el estribillo de aquella tonadilla. Pues eso.
Podemos intentar un resumen sobre este punto si te parece.
Me parece. Más de veinte años después de la catástrofe de Chernóbil no hay aún una evidencia clara sobre el impacto real de la radiación en la salud y persisten las divergencias según las diversas fuentes de información que se utilicen. Sería preciso aunar esfuerzos a nivel internacional para continuar analizando la situación en las áreas más contaminadas mediante estudios epidemiológicos analíticos a largo plazo, pero para ello es necesario que exista una voluntad política clara y recursos económicos para el financiamiento de la investigación. A pesar de la magnitud del desastre, la inversión destinada a todo tipo de investigaciones sobre Chernóbil en los últimos veinte años, incluyendo la militar, no ha llegado a 10 millones de dólares. El desastre de Chernóbil ofreció la oportunidad de investigar ampliamente los efectos de la exposición a radiaciones sobre la salud y el medio ambiente; sin embargo, la comunidad internacional ignoró muchos informes existentes en los territorios contaminados, algunos de ellos publicados pero tan solo en lengua rusa, y también otros al carecer de posibilidad de acceso por intereses políticos.
Por otra parte, antes de Chernobil ocurrió otro importante accidente nuclear en 1979, en la Isla de las Tres Millas, en Harrisburg. ¿Qué pasó allí?
No sólo ese, no sólo el accidente de Harrisburg fue un accidente muy importante. A partir de mediados de la década de los 50 comenzaron a producirse graves accidentes en plantas nucleares de los Estados Unidos, en lo que entonces era la URSS, en Canadá, en Gran Bretaña y en Japón, accidentes que afectaron seriamente a los seres humanos y al ambiente. Los principales accidentes acontecidos en centrales nucleares, cito de memoria, han sido los de Mayak en 1957, en los Montes Urales, en Rusia; en Windscale también en 1957 —rebautizado más tarde como Sellafield, Seascale village—, en Gran Bretaña; el importante accidente del que hablabas en Three Mile Island, en 1979, en Harrisburg, Pensilvania, EEUU, con una magnitud de 5 según la escala INES, y con riesgo fuera del emplazamiento; el ya citado accidente de Chernóbil en 1986 con una magnitud 7 según la escala INES y considerado un accidente grave, y el de Tokaimura, en Japón, en 1999, con una magnitud 4 según la escala INES y sin riesgo significativo fuera del emplazamiento, aunque sí hubo personal irradiado en el interior.
También lo ocurrido recientemente, en verano de 2007 en Japón, merece destacarse. Podemos hablar más tarde de ello si te parece.
De acuerdo, hagámoslo. Pero, ¿qué escala es ésa que has citado?
La escala INES, la Escala Internacional de Accidentes Nucleares, fue introducida por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y mide la gravedad de los accidentes nucleares. A mayor valor numérico, mayor peligrosidad del accidente.
En España, ¿cuántos accidentes se han producido?
En las instalaciones nucleares españolas ha habido desde la instalación de la primera central nuclear “José Cabrera” en 1968 un total de 27 sucesos catalogados todos ellos en el nivel 1, a excepción del ocurrido en la Central Nuclear de Trillo, en 1992, que fue de nivel 2.
También existió un accidente no catalogado en la Junta de Energía Nuclear, en los tiempos de la dictadura, que vertió cantidades indeterminadas de radiactividad al pequeño río Manzanares, cantidades que llegaron al Tajo y se detectaron en Lisboa. Algún historiador debería indagar los hechos, pues forman parte de los formas de proceder de la época.
Por cierto, muestra de las actividades de la JEN se han encontrado recientemente en zonas contaminadas radiactivamente en el campus de la Universidad Complutense, muy cercano a la ubicación de la Junta.
De los accidentes que antes citabas, ¿cuáles te parecen más destacables? ¿Qué sucedió en ellos?
En Mayak, cerca de Cheliabinsk, en los Montes Urales, el complejo nuclear más grande del mundo, ha sufrido grandes desastres, con episodios de contaminación ambiental que han tenido graves consecuencias para la salud. En septiembre de 1957 se produjo uno de los accidentes nucleares más importantes de la historia. Un tanque de almacenamiento, que contenía 300 m3 de residuos de alto nivel radioactivo, explotó liberando casi la mitad de radiación de Chernobyl, con la difusión de 74.000 TBq [1] de radioactividad en un área de unos 23.000 km2. Como consecuencia, más de 270.000 personas quedaron afectadas y alrededor de 10.200 tuvieron que ser evacuadas. Según el Instituto de Biofísica del Ministerio de Salud ruso, en 1992 habían fallecido 8.015 personas como resultado de la exposición a las elevadas dosis de radiación.
Luego se produjo el accidente de Windscale, que fue también en 1957.
En este caso fue el incendio de uno de los reactores de grafito de la central el que provocó la emisión de acerca de 600 TBq de iodo 131, 45 TBq de cesio 137 y 0,2 TBq de estroncio 90. Las cifras relativamente altas de iodo fueron especialmente preocupantes ya que el día después del accidente este elemento fue hallado en la leche, con una radiactividad de hasta 50.000 Bq/l en granjas ubicadas a 15 Km del reactor. En base a la valoración de las dosis recibidas, se estima que hubo decenas de muertes en el Reino Unido debidas a la radiación emitida tras el accidente, aunque este dato no pudo ser verificado a nivel epidemiológico. Da idea de la importancia de aquel accidente el que la nube radiactiva llegó a detectarse en Copenhague, si bien ignoramos todo de los efectos que pudo causar.
Años después, en 1979, se produjo el accidente de la Isla de las Tres Millas, en Harrisburg, Pensilvania, en Estados Unidos.
Efectivamente, en marzo de 1979, el reactor PWR de la central de Harrisburg sufrió una fusión parcial. Las bombas principales de agua de alimentación dejaron de funcionar a causa de una avería que impidió la retirada de calor del sistema de generación de vapor. La válvula de descarga de presión se abrió, emitiéndose una nube radiactiva de 0,5 terabecquerelios, compuesta fundamentalmente por radionúclidos de vida corta. La dosis recibida en el momento del accidente a pocos kilómetros de la central fue de 0,25 mSv de promedio. Ninguno de los estudios llevados a cabo mostraron una evidencia de asociación entre la incidencia de cáncer alrededor de la central y la emisión de radiación. Por el momento, el único impacto en la salud atribuible a Three Mile Island, en absoluto despreciable, ha sido el estrés mental en las personas que vivían en los alrededores de la central, particularmente en mujeres embarazadas y familias con niños.
Sin embargo, el seguimiento de la población no debería abandonarse. Aunque la dosis de radiación colectiva recibida por la población en un radio de 80 Kilómetros cuadrados fue pequeña, un accidente de este calibre produce enormes cantidades de residuos, pudiendo llegar a producir más de un millón de litros de agua contaminada.
Hablabas también del accidente de Tokaimura, en 1999 creo recordar.
Este accidente, que ocurrió a 120 kilómetros al noreste de Tokio, no lejos de Naka-machi, se considera el más grave después del de Chernóbil. Su causa fue la reacción en cadena que se produjo por la decantación de una cantidad anormalmente elevada, de 16 kg, de solución de nitrato de uranio enriquecido debido a un error humano en su manipulación. La cantidad superó muy ampliamente el valor de seguridad, algo más de 2 kilos, y los dos obreros de la central que participaron en el proceso fallecieron al recibir dosis letales.
Por cierto, sobre el accidente de la planta de Tokaimura, en el que se evacuó a 161 personas residentes en las cercanías de la instalación y se alertó a la población, unas 300.000 personas, dentro de un radio de 10 Km, para que permaneciese en sus casas, el Informe al respecto de los inspectores de la AIEA constata que se produjo por la manipulación de uranio enriquecido hasta un 19% en U-235, en cantidades tales que superaron la masa crítica, iniciándose una reacción de fisión. Asimismo se consigna que dicha planta llega a enriquecer uranio hasta un 50%.
Mi pregunta es, Salvador, ¿para qué enriquece Japón uranio hasta estos niveles? Tanto que se habla ahora del control de los países que pretender enriquecer uranio y tan poco que se mentó el caso nipón. Quizá se deba a que está en el eje del bien...
Probablemente, muy probablemente. La cercanía o pertenencia a los Imperios, y la subordinación a sus intereses, suele facilitar las cosas. En cuanto a accidentes militares nucleares.
Durante las últimas décadas ha habido múltiples accidentes militares con emisiones de radiaciones ionizantes elevadas y repercusiones importantes tanto en el medio ambiente como en la salud de las personas expuestas. En España tenemos el ejemplo de Palomares del que hablábamos anteriormente.
¿Puedes citar otro accidente militar importante?
El de Thule, al norte de Groenlandia, el 21 de enero de 1968. El accidente de Palomares contrasta, precisamente, con el segundo incidente nuclear del ejército de los EEUU —también del tipo “flecha rota”—, en este caso, en la base aérea de Thule. Aquí el criterio de radioprotección ambiental aplicado fue mucho más estricto. El accidente de un avión B52 que contenía cuatro bombas termonucleares provocó la contaminación de unas 20 hectáreas de la superficie helada de la Bahía de la Estrella Polar por unos 3,6 kilos de plutonio 239 dispersado. En este caso, durante cuatro meses se procedió a retirar todo el material contaminado que fue posible quitar del hielo, nieve, agua y restos del accidente, aproximadamente unos 6.700 m3, que fueron transportados a un cementerio atómico. No obstante, las autoridades danesas estimaron que el plutonio restante contaminó el medio acuático hasta unos 20 kilómetros del lugar del accidente.
Cabe también citar, aunque algunos sean “semimilitares”, la contaminación por plutonio ocasionada por la caída, por accidente o fin de su vida útil, de satélites artificiales alimentados de energía por pilas de plutonio que les permiten una muy prolongada autonomía e intensas actividades de observación y emisión telemática.
Nos falta comentar el reciente accidente de Japón, el que se produjo a finales de julio de 2007. Un terremoto de intensidad 6,8 golpeó la provincia de Niigata, en la isla de Honsu, a 200 km de Tokio, y puso fuera de funcionamiento Kashiwazaki-Kariwa, una gigantesca planta nuclear, una de las más grandes del mundo. Nueve personas fallecieron, un millar fueron heridas, a causa del terremoto. Se destruyeron o dañaron unas 800 casas. Vías y puentes quedaron impracticables, se cortó el suministro de agua, gas y electricidad, se averiaron instalaciones industriales de la zona. Pero la secuela más grave tuvo que ver con la industria nuclear. El accidente, según el mismísimo The New York Times, generó preocupación sobre la seguridad de ‘lo nuclear’. La planta, propiedad de la TEPCO, Tokyo Electric Power Company, posiblemente esté situada encima de la línea de una falla sísmica. Los informes elaborados en aquellos momentos hablaban de fugas radiactivas, de conductos obsoletos, de tuberías quemadas, aparte de los incendios. Varios centenares de barriles de residuos radioactivos se vinieron abajo. Marina Forti, una informada periodista especializada en problemas ecológicos y mediombientales que colabora regularmente en el admirable diario comunista italiano Il Manifesto, escribió un magnífico artículo que tituló así: “Japón: el desastre en la central nuclear más grande del mundo acaba con uno de los últimos mitos de la industria nuclear”.
Sí, lo recuerdo. Leí la traducción del artículo que se publicó en www.sinpermiso.info y más tarde en www.rebelion.org. Forti hablaba de más de 1.000 litros de agua radioactiva vertidos al mar, no del litro y medio del que se habló el primer día después de lo sucedido, y, como decías, de fugas de isótopos radiactivos en la zona. Los mismos dirigentes de la central, aunque les costó, lo admitieron finalmente: eEl terremoto provocó un desastre. La planta, a finales de agosto de 2007, con sus siete reactores nucleares, sigue cerrada. Lo sucedido no fue una "pequeña fuga" radiactiva, sin consecuencias para el medio ambiente. Tardaremos en saber todo lo sucedido y cuáles han sido sus consecuencias.
Una agencia informativa japonesa ha divulgado que un centenar de barriles de escoria de baja radiactividad resultaron afectados por el terremoto. Otros, sin precisar el número, se desprecintaron. Un portavoz de la empresa admitió, finalmente, que “sólo” la mitad de los 22.000 barriles almacenados cerca de la central (es decir, ¡11.000! barriles) estuvieron bajo control los días siguientes al accidente. Admitió también que se habían producido emisiones a la atmósfera de "pequeñas cantidades" de sustancias radioactivas como cobalto 60, yodo y cromo 51. Unas doce mil personas tuvieron que ser evacuadas de Kashiwazaki, ciudad que cuenta con 95.000 habitantes y está situada al lado de la central.
Pero las centrales se diseñan para que puedan resistir terremotos.
Sí, eso lo que dijo el portavoz de TEPCO: los reactores de la central fueron diseñados para resistir terremotos, pero sólo, insistió, hasta determinada intensidad, inferior a la magnitud del seísmo registrado aquel lunes de finales de julio de 2007. Con ello, lo señalaba Forti y yo estoy de acuerdo, se ha desplomado otro de los últimos mitos sobre la seguridad de la industria nuclear, el mito de que es posible construir plantas capaces de resistir todo tipo de terremotos.
El ahora ex primer ministro japonés, Shinzo Abe, un político muy conservador, declaró poco después que creía que las centrales nucleares sólo podían ser gestionadas con éxito contando con la confianza de la ciudadanía. Aceptémoslo. Espero entonces, deseo, quiero creer, debemos hacer lo posible, para que esa confianza ciudadana cada día sea menor. En Japón y en cualquier otro lugar. Aunque nunca sobran, nos sobran las razones para ello. En este caso, lo razonable es la desconfianza. La confianza sin argumentos es ciega, un irresponsable brindis al sol.
De hecho, en un viejo artículo tuyo publicado como nota editorial en el número 8 de mientras tanto –“El síndrome de Tsuruga (Energía nuclear y violencia institucional)”- hablabas de que el secreto y la tergiversación empresarial y gubernamental sobre los riesgos ambientales y sanitarios de determinadas actividades industriales” había sido puestos en evidencia de forma notoria durante un accidente nuclear en otra central japonesa, en la Tsuruga. En esta ocasión, entre el 10 de enero y el 8 de marzo de 1981, ocurrieron fugas de líquidos radiactivos, pasando unos 40.000 litros desde los depósitos de residuos de la central a las cloacas de la vecina ciudad de Tsuruga, donde entonces vivían unas 100.000 personas. El accidente, entonces el más grave desde el comienzo de la nuclearización nipona, no fue conocido por los habitantes de la ciudad, ni por la ciudadanía en general, hasta el 20 de abril; aproximadamente, unos 100 días de su inicio. De hecho, se ha sabido posteriormente, la empresa propietaria de la central, la Compañía Japonesa de Energía Atómica, conocía perfectamente los hechos desde el principio e hizo todo lo posible para ocultarlos.
Admitámoslo, Salvador. Mal que nos pase, y desde hace ya tiempo, los tiempos no están cambiando. En España, durante la transición, no hubo ruptura; en muchos otros temas esenciales, tampoco. La mentira no sólo es el usual lenguaje de algunos dirigentes políticos sino también la jerga básica de las grandes corporaciones.
Nota:
[1] TBq: terabecquerelio. 1 TBq = 1012 Bq, es decir un billón de becquerelios.
http://www.rebelion.org
Albert Einstein
Quienes hablan, hoy, de seguir construyendo reactores nucleares no han comprendido nada de la tragedia de Chernóbil. Y Chernóbil era, quizá, la última advertencia de la que podíamos aprender, si es que ha de existir en el futuro una humanidad libre sobre una Tierra habitable.
Mi convicción personal es que la única energía nuclear limpia y segura, que hemos de reivindicar sin tregua, es la de las reacciones de fusión que tienen lugar en el interior del sol y nos llegan luego en forma de bendita luz solar que caldea la atmósfera, mueve los vientos y nutre la vida.
Jorge Riechmann (2007). Presidente de CiMA
Más de 140 mil personas han sido evacuadas de los alrededores de las centrales nucleares de Fukushima ante el peligro de su explosión
Gobiernos y medios occidentales minimizan la catástrofe nuclear en Japón
TEPCO pide al gobierno que declare el estado de emergencia
Los grandes medios de comunicación y los gobiernos occidentales están tratando de maquillar y ocultar las informaciones sobre la que es, sin duda, una de las mayores catástrofes nucleares ocurridas. Según los datos ofrecidos por la agencia de seguridad nuclear japonesa, los daños causados por el terremoto en la central nuclear de Fukushima han sido catalogados como un accidente de nivel cuatro en una escala de siete, lo que le sitúa por detrás de los sucesos de Chernobil y Three Mile Island. Pero la situación nuclear en Japón es gravísima: 11 centrales están detenidas, 5 reactores tienen problemas graves de refrigeración y se multiplican los riesgos de una explosión nuclear. Más de 140.000 personas han sido evacuadas.
A la explosión ocurrida a las 16.00 hora local (07.00 GMT) de ayer, después de una sacudida en la que se derrumbaron el techo y las paredes que albergaban el reactor, siguieron varias réplicas del terremoto que afectó a Japón el viernes.
Tanto el gobierno de Japón como la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) intentaron minimizar la magnitud de la tragedia. En rueda de prensa, el ministro portavoz de Japón, Yukio Edano, manifestó que la explosión no fue en el reactor, que se debió a una reacción química entre hidrógeno y oxígeno y aseguró que no se había generado una fuga radiactiva importante e, incluso, que había bajado el nivel de radiactividad en la zona.
Con respecto a la orden de evacuación, en un radio de veinte kilómetros en torno a la central, Edano insistió en que se trataba de una medida de "prevención" puesto que no había un riesgo específico.
La AIEA por su parte informó de que las autoridades trataban de verificar, tras la deflagración, las condiciones en que había quedado el reactor, que aparentemente no había sufrido daños.
Ese fue el mensaje tranquilizador difundido por los grandes medios de prensa y los gobiernos occidentales pese a que los efectos del accidente fueron clasificados en un nivel cuatro en una escala de siete. En esta escala, el accidente de Three Mile Island, en Pensilvania, en 1979, está valorado de nivel cinco, mientras que el desastre nuclear de Chernobil en 1986, el más grave de la historia de esta industria, representa un siete sobre siete.
Tras el seísmo el nivel de radiactividad en la planta 1 de Fukushima alcanzó hasta mil veces su nivel habitual en la sala de control de un reactor y hasta 70 veces su nivel cerca de la entrada principal de la central.
La realidad sin embargo es otra. Según la cadena local NHK a lo largo de la tarde noche de ayer los responsables de la central nuclear (la empresa Tokyo Electric Power Company -TEPCO-) habrían intentado inyectar agua de mar al reactor para refrigerarlo, pero las operaciones debieron ser suspendidas a causa de un nuevo temblor de tierra y el temor a un tsunami (1).
A esas horas más de 83.000 personas estaban siendo evacuadas de la zona en un radio de 10 km alrededor de las centrales Fukushima 1 y Fukushima 2 (2). En estas dos plantas siete reactores fueron detenidos de urgencia para tratar de evitar la fuga de vapor radiactivo y disminuir la temperatura y la presión de la central nuclear (3). TEPCO anunció que sólo 1 de los 4 reactores detenidos en la central Fukushima 2 estaba en parada fría (4). Según la empresa, el nivel de agua era muy bajo en el reactor 2 de Fukushima 1 y la presión muy alta en los reactores 2 y 3. (5).
Solicitud de estado de emergencia
A la 1.00 h. de la madrugada (hora local) TEPCO advirtió de que el reactor 3 estaba siendo insuficientemente refrigerado al no poder hacer llegar agua a la vasija del reactor para su refrigeración y solicitó al gobierno la declaración del estado de emergencia. "Todas las funciones para mantener el nivel de refrigeración están averiadas", aseguró un portavoz de la empresa. (6)
En esos momentos, según la AIEA, alrededor de 140.000 personas estaban siendo evacuadas en un radio mayor de las dos centrales nucleares y se les estaba suministrando yodo para evitar la formación de cánceres. Sin embargo Asahi TV reportó informes según los cuales residentes locales habrían sido diagnosticados con envenenamiento por radiación. Al menos 190 personas podrían estar afectadas. Muchos de los residentes de la zona de evacuación o con muestras de exposición a la radiación fueron separados del resto. (7)
Tras la alerta de TEPCO, la Agencia de Seguridad Nuclear de Japón admitió que estaba teniendo lugar una fusión parcial en el corazón del reactor nuclear número 1 (Fukushima 1), y que otros 3 tenían problemas de temperatura (reactores 1, 2 y 4 de Fukushima 2). (8)
Fuentes:
(1) NHK a las 17h35 del 12.03.11 http://www.tepco.co.jp/en/press/corp-com/release/11031231-e.html
(2) http://edition.cnn.com/2011/WORLD/asiapcf/03/12/japan.nuclear/
(3) http://www.tepco.co.jp/en/press/corp-com/release/11031233-e.html
(4) http://www.tepco.co.jp/en/press/corp-com/release/11031233-e.html
(5) http://www.tepco.co.jp/en/press/corp-com/release/11031229-e.html
(6) http://groupes.sortirdunucleaire.org/blogs/alerte-nucleaire-au-japon-apres-un/article/reacteur-3-en-panne-de-systeme-de
(7) http://www.beyondnuclear.org/home/2011/3/12/people-around-fukushima-reactor-suffering-radiation-poisonin.html
(8) http://groupes.sortirdunucleaire.org/blogs/alerte-nucleaire-au-japon-apres-un/article/4-autres-reacteurs-presentent-des
Capítulo XI de E. Rodríguez Farré y S. López Arnal, Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y en el medio ambiente, Barcelona, El Viejo Topo, 2008, pp. 179-194.
Sobre el accidente en la central nuclear de Chernóbil, del que no hace mucho se cumplieron 20 años, hubo una fuerte polémica en torno a sus efectos reales que aún sigue coleando. Se ha dicho que la potencia radiactiva del accidente (o de la catástrofe, como se prefiera) fue entre 50 y 100 veces la potencia de la bomba arrojada en Hiroshima. Desde fuentes oficiales se habló de un número reducido aunque importante de fallecidos, mientras que desde otras fuentes independientes se afirmaba que esa información había sido una gran manipulación, una falsificación desmedida y que los fallecidos y perjudicados fueron muchísimos más. Se han dado cifras de más de dos millones de ucranianos afectados, unos 700.000 de los cuales eran niños. Viktor Bryukhanov, el director de la central nuclear en el momento del accidente, ha acusado a las autoridades políticas de proteger ante todo la industria militar con mentiras, acusación que no excluye algunos sectores de las comunidades científicas. Tampoco han quedado al margen de sus críticas países y gobiernos poderosos -EEUU, Japón, Francia y Reino Unido- que, según él, ocultan las causas reales de los accidentes nucleares. Podrías explicarnos algo de esta polémica y por qué, desde posiciones oficiales u oficiosas, no se reconoce lo que realmente pasó y los dañinos efectos que ocasionó.
Es un tema que nos llevaría muy lejos. Un mínimo desarrollo exigiría un tratamiento largo y tendido. Intentaremos explicar aquí lo más importante.
Se creó, efectivamente, una importante polémica y no es casualidad que apareciese recientemente. El origen de ello es un informe que salió a la luz en septiembre de 2005, informe que se publicitó mucho medio año después. Apareció como un documento de la OMS, de la Organización Mundial de la Salud, en el que se nos iba a decir la verdad sobre Chernóbil y en el que se daba “la versión definitiva” de los efectos.
Mucha técnica publicitaria como ves. Es muy espectacular como, por ejemplo, presentaron el resumen de prensa. Está escrito en inglés: “Chernobyl: the true scale of the accident; 20 Years Later a UN Report Provides Definitive Answers and Ways to Repair Lives”. ¡La verdad definitiva sobre Chernóbil!
El informe, tal como fue comunicado, es un libro de más de 600 páginas, editado en tres volúmenes, del que se publicó por la AIEA una versión sinóptica de 55 páginas (Chernobyl’s Legacy: Health, Environmental and Socio-Economic Impacts) que es en realidad lo que se presentaba a los medios. En cambio, el breve texto que tanto ha impactado a la prensa es un resumen de 6 o 7 páginas, al que realmente, desde un punto de vista científico, no se le puede dar ningún valor. En él se afirma que según los datos del Informe unas 4.000 personas pueden llegar a fallecer a lo largo del tiempo -que en el informe completo se precisa en un período de 70 años- por la exposición a la radiación liberada hace 20 años en al accidente, que seguramente no va a haber más muertos y que la gente se puede reinstalar en los territorios afectados.
Prácticamente es una apología del retorno al uso de la energía nuclear. Esto es en resumen lo que viene a decir el informe que causó grave sorpresa y gran controversia. No era para menos.
Pero el informe fue publicado por la OMS. ¿No es así? Por lo tanto, en principio, es creíble, no es mera publicidad.
Efectivamente. Este informe se ha publicado y publicitado por la OMS pero ocurre con él lo que ya hemos comentado. En realidad, el estudio ha sido elaborado fundamentalmente por la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) de Viena. Desde 1959 existe un convenio por el que la OMS, para cualquier asunto relacionado con cuestiones nucleares, remite y se pone de acuerdo con esa agencia atómica. El convenio estipula, entre otras restricciones, que los estudios de la OMS en materia nuclear, previamente a su publicación, deben ser revisados por la AIEA, no deben ser negativos con la Agencia ni tampoco deben impedir la promoción de la energía nuclear. La Agencia se fundó, en la época de los “átomos para la paz”, por la Organización de las Naciones Unidas, para promocionar el uso de la energía nuclear, por un lado, y por otro, cuando se firmó el TNP, el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, para vigilar, de ahí su actual intervención en el caso de Irán, y de paso su flagrante inhibición en las actividades atómicas de otros países. Aún hoy en día en sus publicaciones aparece el eslogan “Atoms for Peace”. Si uno entra en la web de la agencia, verá que todo lo que allí se afirma es una defensa del uso de la energía nuclear. No olvidemos que es una agencia de la energía atómica. Ahora están con un foro, que ya existe desde hace años, para promocionarla como solución a Kyoto, como energía limpia, como energía moderna, en neta coincidencia con las posiciones de la administración del presidente en Jefe Bush II.
No deben ser pocas las presiones políticas.
Exactamente. Se dan aquí todas las presiones políticas que puedas imaginarte y algunas más. Cuando se mira con detalle el informe al que nos estábamos refiriendo, y aunque se ha publicitado como un informe de la OMS científico e independiente, se observa que los créditos otorgados para su realización provienen de un ente denominado “The Chernobyl Forum” compuesto por la AIEA, los gobiernos de la Federación Rusa, de Bielorrusia y de Ucrania, el Banco Mundial, el UNSCEAR (United Nations Scientific Committee on the Effects of Atomic Radiation), institución de vida más bien lánguida, y otros organismos de la ONU sin relación con la cuestión (UNSP, FAO). A la OMS la han incluido también pero más bien como adorno, para no levantar sospechas, para ganar credibilidad científica. De hecho, el tal Foro no deja de ser una entidad nominal.
Desde un punto de vista científico, metodológico, ¿cuál es tu opinión sobre este informe? ¿Te parece un buen informe?
El informe una vez se analiza, y téngase en cuenta que es muy prolijo y que es realmente muy técnico, presenta numerosos sesgos derivados de las limitaciones y objetivos originarios impuestos al estudio. Ha sido realizado sobre áreas muy pequeñas de Ucrania, de Rusia y de Rusia Blanca (Bielorrusia o Belarus), sobre áreas contaminadas claro está, pero que no representan exactamente ni de lejos todas las áreas afectadas. No representan en absoluto las áreas de esos países ni del resto de Europa que sufrieron alteraciones importantes por el accidente. Lo mismo puede decirse sobre la población considerada para estimar los efectos de la contaminación radiactiva. Las cifras proporcionadas por el Informe "los antes citados 4.000 casos de cánceres que podrían llegar a producirse, por ejemplo" se refieren tan solo a un grupo de alrededor 600.000 personas, mientras que la población que vive en las áreas contaminadas de Ucrania, Rusia Blanca y Federación Rusa alcanza, según los informes de estas mismas repúblicas, los cinco millones. Y esa cifra también puede considerarse una subestimación.
Creándose, por lo tanto, una importante confusión sobre estos temas.
Efectivamente. Un ejemplo de la confusión generada sobre la cuestión lo podemos encontrar en otro comunicado de prensa de la misma OMS efectuado el 26 abril de 2006 con motivo del vigésimo aniversario del accidente. En este caso la OMS es más prudente que en el comunicado anterior —quizá por las numerosas críticas recibidas— y se refiere a un nuevo Informe, publicado por ella (Ginebra 2006), sobre los efectos sanitarios. Aquí, aquellos 4.000 posibles cánceres mencionados en septiembre, se elevan a 9.000 y se constata que alrededor de 5.000 niños y adolescentes en el momento del accidente han sido diagnosticados de cáncer de tiroides, y que es muy probable que nuevos casos de este tipo de cáncer sigan produciéndose en el futuro. Acepta, además, que más de cinco millones de personas (¡cinco millones!) siguen viviendo en la actualidad en áreas contaminadas con material radiactivo. Aquí conviene ir a los datos originales del mismo Informe, donde se constata que considera sólo a los residentes —los cinco millones mencionados— en áreas con niveles de cesio radiactivo (Cs 137) superiores a 37.000 Bq/m2 en Bielorrusia, Ucrania y Federación Rusa. La población de territorios con actividades inferiores se ignora. Por otra parte es asombroso que, según dicho Informe, alrededor de 270.000 personas sigan viviendo en áreas que la extinta Unión Soviética clasificó como “zonas estrictamente controladas”, territorios donde la radiactividad supera los 555.000 Bq/m2.MO
Antes he comentado que en la República Checa se han realizado recientemente trabajos de investigación, que han sido publicados en revistas científicas internacionales, sobre la muy alta tasa de cánceres de tiroides que aparecieron a lo largo de los cuatro o cinco años inmediatamente siguientes al accidente, y sobre otro tipo de fenómenos patológicos. Estos son los pocos datos que se tienen sobre estas áreas externas a la antigua Unión Soviética. Pero dentro de las tres repúblicas mencionadas de lo que fue la URSS –Rusia, Ucrania, Biolerrusia-, el estudio se restringe sólo a determinadas áreas, seleccionadas además con criterios un tanto oscuros.
En cuanto a la metodología seguida.
Es altamente discutible la metodología que se ha empleado. Leyendo el informe con atención ves que incluso hay una gran incertidumbre sobre el tipo de métodos que se han seguido.
Al mismo tiempo ha aparecido, también recientemente, un estudio de la Academia de Ciencias de la Federación Rusa que han publicado en forma de libro y que es también altamente crítico con aquel informe. Se calcula en este estudio de la Academia de Ciencias que han sido más de 200.000 las personas afectadas a lo largo de estos 20 años.
En el estudio de la OMS, por ejemplo, no queda en absoluto claro como cuentan y estudian a los famosos liquidadores, aquellos millares de personas —unas 250.000 sólo en 1986 y 1987— que intervinieron inmediatamente para construir el famoso sarcófago de Chernóbil con el que se cubrió el reactor destrozado. El informe de la AIEA/OMS habla de 15 fallecidos entre estas personas. Los mismos datos rusos los aumentan a centenares. Seguramente, entre 800 y 1.000 de estas personas murieron por efecto de la radiación aguda.
Nos encontramos, pues, que el estudio de la Academia de Ciencias de la Federación Rusa establece cifras diez veces superiores respecto al estudio de la OMS/AEIA. Insisto: ¡10 veces más!, no una mera diferencia de matiz o de redondeo de la última cifra.
Hay, además, otros informes científicos que también establecen datos muy distintos, que en absoluto coinciden con el informe de la OMS.
Para ti,¿ qué cifras son las más correctas?
Desde un punto de vista estrictamente científico, yo no puedo saber, Salvador, cuáles son las cifras exactas o qué cantidades reflejan mejor la realidad de los hechos. Los datos disponibles indican que hubieron, que hay afecciones, pero no existe ningún estudio global de todas las zonas contaminadas de Europa que indique cuántas afecciones se han producido realmente. Existen informes parciales, como éste que explicaba de Chequia; existe también el informe de la Academia de Ciencias de Ucrania, en todos ellos se dan cifras muchísimo más altas que las que cita este informe de la AIEA/OMS.
Existen, además, investigaciones y datos que no han sido publicados. Durante muchos años, en lo que fue la extinta Unión Soviética, todos estos informes fueron reservados.
¿Se han publicado datos sobre la contaminación producida por el accidente en otros países europeos?
Tampoco, tampoco. Francia, por ejemplo, nunca ha publicado datos de la contaminación producida por Chernóbil. Recuerdo lo que pasaba cuando cruzabas el Rin en aquella época. En Alemania y Suiza, al cabo de los años, seguían y siguen manteniendo reservas y controles sobre cierto tipo de setas, sobre ciertos productos silvestres, porque el estroncio 90 y el cesio 137 están allí, permanecen allí, y si se cruza el Rin en dirección a Francia, los bosques, claro está, siguen siendo los mismos, los territorios no han cambiado, pero, mágicamente, parece que existiera una frontera “nacional” que hubiera parado la radiación. En Francia, como es sabido, casi todas las cuestiones radiactivas son reservadas.
Tenemos actualmente informes sobre zonas contaminadas de Inglaterra, datos que muestran, lo que es muy paradójico, que no hay unos criterios uniformes de análisis. Al mismo tiempo, en el mismo momento, en Bielorrusia, por ejemplo, se aceptan unos límites para la leche; en cambio, en Rusia se aceptan otros, y en Ucrania otros distintos, y estos límites no están próximos en absoluto, varían desde los 20 hasta los 200 becquerelios por litro en estas tres repúblicas. No hay siquiera unos criterios de protección homogéneos y, no olvidemos, que sigue habiendo radiactividad en muchos productos de estas zonas. Lo que pasa es que se han considerado o se quieren considerar seguros ciertos valores y entonces se dice de cara a la tranquilidad de la opinión pública que aquí no pasa nada, que no hay ningún peligro.
En tu opinión, ¿qué debería haberse hecho? ¿Cómo debería haberse obrado si se hubiera querido obrar correctamente?
Lo que debería haberse hecho, como ya hemos comentado antes, es haber establecido un sistema paneuropeo de radiovigilancia y de estudio de los efectos. No existe tal sistema. Entonces, frente a un informe como el que comentamos, yo, que no acostumbro a ser tan tajante, considero en este caso que no tiene valor científico alguno, que no podemos considerar ni dar valor al estudio de la Agencia Internacional de Energía Atómica.
Hay otros informes de la OMS, en los que al parecer no ha intervenido tanto la Agencia, que son muy distintos, aunque son muy técnicos, y, sobre todo, cuando uno se remite a lo único que tiene valor, a lo único válido desde un punto de vista riguroso, aunque desde luego también sea bueno mantener ciertas reservas, es decir, a los análisis científicos publicados en revistas reconocidas con comités de revisión por pares. Estos datos nos indican precisamente que el informe de la Agencia Internacional no se sostiene en absoluto.
¿Cuáles son entonces los datos reales?
Como te decía, no lo podemos saber con precisión. Unos hablan de 200.000 personas, otros de 50.000, nadie puede decirlo con seguridad. Lo que sucede es que las cifras de valores tan bajos no pueden ser aceptadas cuando ya tenemos datos de aquella época en los que la misma gente que estuvo trabajando directamente en la central, y los datos sanitarios de la propia URSS, señalaban que hubo una mortalidad importante y existen, además, otras investigaciones publicadas que aseguran que en determinadas zonas ya tuvieron en aquellos momentos niveles altos de mortalidad. Tampoco podemos hacer mucho caso de lo que, a veces, son básicamente reportajes periodísticos. Con todos mis respetos hacia el buen periodismo, hay informes de este tipo que son poco rigurosos.
¿Puedes precisar un poco más? ¿A qué te refieres exactamente?
Pues, por ejemplo, cuando se dice: he hablado con una campesina y me ha dicho que los terneros le nacen con dos cabezas o que hay “montones” de niños, sin más precisión, con malformaciones. Este tipo de informaciones no tiene valor científico. Para obtener buenos resultados hay que aplicar una metodología estricta. Los instrumentos, para poder analizar lo que ha ocurrido, son conocidos, los tenemos, están a nuestro alcance. En los casos concretos en que se ha seguido una buena metodología, en el estudio del cáncer de tiroides por ejemplo, es innegable que ha habido un impacto muy importante. No podía ser de otro modo.
En definitiva, no es que no puedan realizarse buenos estudios, sino que no quieren hacerse investigaciones independientes que tengan el conocimiento verificable de los hechos como finalidad central. Los intereses políticos y económicos nuevamente están situados en el puesto de mando; el dinero hace girar el mundo, cantaba Liza Minnelli y aquel inolvidable presentador en Cabaret. Money, money, money...era el estribillo de aquella tonadilla. Pues eso.
Podemos intentar un resumen sobre este punto si te parece.
Me parece. Más de veinte años después de la catástrofe de Chernóbil no hay aún una evidencia clara sobre el impacto real de la radiación en la salud y persisten las divergencias según las diversas fuentes de información que se utilicen. Sería preciso aunar esfuerzos a nivel internacional para continuar analizando la situación en las áreas más contaminadas mediante estudios epidemiológicos analíticos a largo plazo, pero para ello es necesario que exista una voluntad política clara y recursos económicos para el financiamiento de la investigación. A pesar de la magnitud del desastre, la inversión destinada a todo tipo de investigaciones sobre Chernóbil en los últimos veinte años, incluyendo la militar, no ha llegado a 10 millones de dólares. El desastre de Chernóbil ofreció la oportunidad de investigar ampliamente los efectos de la exposición a radiaciones sobre la salud y el medio ambiente; sin embargo, la comunidad internacional ignoró muchos informes existentes en los territorios contaminados, algunos de ellos publicados pero tan solo en lengua rusa, y también otros al carecer de posibilidad de acceso por intereses políticos.
Por otra parte, antes de Chernobil ocurrió otro importante accidente nuclear en 1979, en la Isla de las Tres Millas, en Harrisburg. ¿Qué pasó allí?
No sólo ese, no sólo el accidente de Harrisburg fue un accidente muy importante. A partir de mediados de la década de los 50 comenzaron a producirse graves accidentes en plantas nucleares de los Estados Unidos, en lo que entonces era la URSS, en Canadá, en Gran Bretaña y en Japón, accidentes que afectaron seriamente a los seres humanos y al ambiente. Los principales accidentes acontecidos en centrales nucleares, cito de memoria, han sido los de Mayak en 1957, en los Montes Urales, en Rusia; en Windscale también en 1957 —rebautizado más tarde como Sellafield, Seascale village—, en Gran Bretaña; el importante accidente del que hablabas en Three Mile Island, en 1979, en Harrisburg, Pensilvania, EEUU, con una magnitud de 5 según la escala INES, y con riesgo fuera del emplazamiento; el ya citado accidente de Chernóbil en 1986 con una magnitud 7 según la escala INES y considerado un accidente grave, y el de Tokaimura, en Japón, en 1999, con una magnitud 4 según la escala INES y sin riesgo significativo fuera del emplazamiento, aunque sí hubo personal irradiado en el interior.
También lo ocurrido recientemente, en verano de 2007 en Japón, merece destacarse. Podemos hablar más tarde de ello si te parece.
De acuerdo, hagámoslo. Pero, ¿qué escala es ésa que has citado?
La escala INES, la Escala Internacional de Accidentes Nucleares, fue introducida por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y mide la gravedad de los accidentes nucleares. A mayor valor numérico, mayor peligrosidad del accidente.
En España, ¿cuántos accidentes se han producido?
En las instalaciones nucleares españolas ha habido desde la instalación de la primera central nuclear “José Cabrera” en 1968 un total de 27 sucesos catalogados todos ellos en el nivel 1, a excepción del ocurrido en la Central Nuclear de Trillo, en 1992, que fue de nivel 2.
También existió un accidente no catalogado en la Junta de Energía Nuclear, en los tiempos de la dictadura, que vertió cantidades indeterminadas de radiactividad al pequeño río Manzanares, cantidades que llegaron al Tajo y se detectaron en Lisboa. Algún historiador debería indagar los hechos, pues forman parte de los formas de proceder de la época.
Por cierto, muestra de las actividades de la JEN se han encontrado recientemente en zonas contaminadas radiactivamente en el campus de la Universidad Complutense, muy cercano a la ubicación de la Junta.
De los accidentes que antes citabas, ¿cuáles te parecen más destacables? ¿Qué sucedió en ellos?
En Mayak, cerca de Cheliabinsk, en los Montes Urales, el complejo nuclear más grande del mundo, ha sufrido grandes desastres, con episodios de contaminación ambiental que han tenido graves consecuencias para la salud. En septiembre de 1957 se produjo uno de los accidentes nucleares más importantes de la historia. Un tanque de almacenamiento, que contenía 300 m3 de residuos de alto nivel radioactivo, explotó liberando casi la mitad de radiación de Chernobyl, con la difusión de 74.000 TBq [1] de radioactividad en un área de unos 23.000 km2. Como consecuencia, más de 270.000 personas quedaron afectadas y alrededor de 10.200 tuvieron que ser evacuadas. Según el Instituto de Biofísica del Ministerio de Salud ruso, en 1992 habían fallecido 8.015 personas como resultado de la exposición a las elevadas dosis de radiación.
Luego se produjo el accidente de Windscale, que fue también en 1957.
En este caso fue el incendio de uno de los reactores de grafito de la central el que provocó la emisión de acerca de 600 TBq de iodo 131, 45 TBq de cesio 137 y 0,2 TBq de estroncio 90. Las cifras relativamente altas de iodo fueron especialmente preocupantes ya que el día después del accidente este elemento fue hallado en la leche, con una radiactividad de hasta 50.000 Bq/l en granjas ubicadas a 15 Km del reactor. En base a la valoración de las dosis recibidas, se estima que hubo decenas de muertes en el Reino Unido debidas a la radiación emitida tras el accidente, aunque este dato no pudo ser verificado a nivel epidemiológico. Da idea de la importancia de aquel accidente el que la nube radiactiva llegó a detectarse en Copenhague, si bien ignoramos todo de los efectos que pudo causar.
Años después, en 1979, se produjo el accidente de la Isla de las Tres Millas, en Harrisburg, Pensilvania, en Estados Unidos.
Efectivamente, en marzo de 1979, el reactor PWR de la central de Harrisburg sufrió una fusión parcial. Las bombas principales de agua de alimentación dejaron de funcionar a causa de una avería que impidió la retirada de calor del sistema de generación de vapor. La válvula de descarga de presión se abrió, emitiéndose una nube radiactiva de 0,5 terabecquerelios, compuesta fundamentalmente por radionúclidos de vida corta. La dosis recibida en el momento del accidente a pocos kilómetros de la central fue de 0,25 mSv de promedio. Ninguno de los estudios llevados a cabo mostraron una evidencia de asociación entre la incidencia de cáncer alrededor de la central y la emisión de radiación. Por el momento, el único impacto en la salud atribuible a Three Mile Island, en absoluto despreciable, ha sido el estrés mental en las personas que vivían en los alrededores de la central, particularmente en mujeres embarazadas y familias con niños.
Sin embargo, el seguimiento de la población no debería abandonarse. Aunque la dosis de radiación colectiva recibida por la población en un radio de 80 Kilómetros cuadrados fue pequeña, un accidente de este calibre produce enormes cantidades de residuos, pudiendo llegar a producir más de un millón de litros de agua contaminada.
Hablabas también del accidente de Tokaimura, en 1999 creo recordar.
Este accidente, que ocurrió a 120 kilómetros al noreste de Tokio, no lejos de Naka-machi, se considera el más grave después del de Chernóbil. Su causa fue la reacción en cadena que se produjo por la decantación de una cantidad anormalmente elevada, de 16 kg, de solución de nitrato de uranio enriquecido debido a un error humano en su manipulación. La cantidad superó muy ampliamente el valor de seguridad, algo más de 2 kilos, y los dos obreros de la central que participaron en el proceso fallecieron al recibir dosis letales.
Por cierto, sobre el accidente de la planta de Tokaimura, en el que se evacuó a 161 personas residentes en las cercanías de la instalación y se alertó a la población, unas 300.000 personas, dentro de un radio de 10 Km, para que permaneciese en sus casas, el Informe al respecto de los inspectores de la AIEA constata que se produjo por la manipulación de uranio enriquecido hasta un 19% en U-235, en cantidades tales que superaron la masa crítica, iniciándose una reacción de fisión. Asimismo se consigna que dicha planta llega a enriquecer uranio hasta un 50%.
Mi pregunta es, Salvador, ¿para qué enriquece Japón uranio hasta estos niveles? Tanto que se habla ahora del control de los países que pretender enriquecer uranio y tan poco que se mentó el caso nipón. Quizá se deba a que está en el eje del bien...
Probablemente, muy probablemente. La cercanía o pertenencia a los Imperios, y la subordinación a sus intereses, suele facilitar las cosas. En cuanto a accidentes militares nucleares.
Durante las últimas décadas ha habido múltiples accidentes militares con emisiones de radiaciones ionizantes elevadas y repercusiones importantes tanto en el medio ambiente como en la salud de las personas expuestas. En España tenemos el ejemplo de Palomares del que hablábamos anteriormente.
¿Puedes citar otro accidente militar importante?
El de Thule, al norte de Groenlandia, el 21 de enero de 1968. El accidente de Palomares contrasta, precisamente, con el segundo incidente nuclear del ejército de los EEUU —también del tipo “flecha rota”—, en este caso, en la base aérea de Thule. Aquí el criterio de radioprotección ambiental aplicado fue mucho más estricto. El accidente de un avión B52 que contenía cuatro bombas termonucleares provocó la contaminación de unas 20 hectáreas de la superficie helada de la Bahía de la Estrella Polar por unos 3,6 kilos de plutonio 239 dispersado. En este caso, durante cuatro meses se procedió a retirar todo el material contaminado que fue posible quitar del hielo, nieve, agua y restos del accidente, aproximadamente unos 6.700 m3, que fueron transportados a un cementerio atómico. No obstante, las autoridades danesas estimaron que el plutonio restante contaminó el medio acuático hasta unos 20 kilómetros del lugar del accidente.
Cabe también citar, aunque algunos sean “semimilitares”, la contaminación por plutonio ocasionada por la caída, por accidente o fin de su vida útil, de satélites artificiales alimentados de energía por pilas de plutonio que les permiten una muy prolongada autonomía e intensas actividades de observación y emisión telemática.
Nos falta comentar el reciente accidente de Japón, el que se produjo a finales de julio de 2007. Un terremoto de intensidad 6,8 golpeó la provincia de Niigata, en la isla de Honsu, a 200 km de Tokio, y puso fuera de funcionamiento Kashiwazaki-Kariwa, una gigantesca planta nuclear, una de las más grandes del mundo. Nueve personas fallecieron, un millar fueron heridas, a causa del terremoto. Se destruyeron o dañaron unas 800 casas. Vías y puentes quedaron impracticables, se cortó el suministro de agua, gas y electricidad, se averiaron instalaciones industriales de la zona. Pero la secuela más grave tuvo que ver con la industria nuclear. El accidente, según el mismísimo The New York Times, generó preocupación sobre la seguridad de ‘lo nuclear’. La planta, propiedad de la TEPCO, Tokyo Electric Power Company, posiblemente esté situada encima de la línea de una falla sísmica. Los informes elaborados en aquellos momentos hablaban de fugas radiactivas, de conductos obsoletos, de tuberías quemadas, aparte de los incendios. Varios centenares de barriles de residuos radioactivos se vinieron abajo. Marina Forti, una informada periodista especializada en problemas ecológicos y mediombientales que colabora regularmente en el admirable diario comunista italiano Il Manifesto, escribió un magnífico artículo que tituló así: “Japón: el desastre en la central nuclear más grande del mundo acaba con uno de los últimos mitos de la industria nuclear”.
Sí, lo recuerdo. Leí la traducción del artículo que se publicó en www.sinpermiso.info y más tarde en www.rebelion.org. Forti hablaba de más de 1.000 litros de agua radioactiva vertidos al mar, no del litro y medio del que se habló el primer día después de lo sucedido, y, como decías, de fugas de isótopos radiactivos en la zona. Los mismos dirigentes de la central, aunque les costó, lo admitieron finalmente: eEl terremoto provocó un desastre. La planta, a finales de agosto de 2007, con sus siete reactores nucleares, sigue cerrada. Lo sucedido no fue una "pequeña fuga" radiactiva, sin consecuencias para el medio ambiente. Tardaremos en saber todo lo sucedido y cuáles han sido sus consecuencias.
Una agencia informativa japonesa ha divulgado que un centenar de barriles de escoria de baja radiactividad resultaron afectados por el terremoto. Otros, sin precisar el número, se desprecintaron. Un portavoz de la empresa admitió, finalmente, que “sólo” la mitad de los 22.000 barriles almacenados cerca de la central (es decir, ¡11.000! barriles) estuvieron bajo control los días siguientes al accidente. Admitió también que se habían producido emisiones a la atmósfera de "pequeñas cantidades" de sustancias radioactivas como cobalto 60, yodo y cromo 51. Unas doce mil personas tuvieron que ser evacuadas de Kashiwazaki, ciudad que cuenta con 95.000 habitantes y está situada al lado de la central.
Pero las centrales se diseñan para que puedan resistir terremotos.
Sí, eso lo que dijo el portavoz de TEPCO: los reactores de la central fueron diseñados para resistir terremotos, pero sólo, insistió, hasta determinada intensidad, inferior a la magnitud del seísmo registrado aquel lunes de finales de julio de 2007. Con ello, lo señalaba Forti y yo estoy de acuerdo, se ha desplomado otro de los últimos mitos sobre la seguridad de la industria nuclear, el mito de que es posible construir plantas capaces de resistir todo tipo de terremotos.
El ahora ex primer ministro japonés, Shinzo Abe, un político muy conservador, declaró poco después que creía que las centrales nucleares sólo podían ser gestionadas con éxito contando con la confianza de la ciudadanía. Aceptémoslo. Espero entonces, deseo, quiero creer, debemos hacer lo posible, para que esa confianza ciudadana cada día sea menor. En Japón y en cualquier otro lugar. Aunque nunca sobran, nos sobran las razones para ello. En este caso, lo razonable es la desconfianza. La confianza sin argumentos es ciega, un irresponsable brindis al sol.
De hecho, en un viejo artículo tuyo publicado como nota editorial en el número 8 de mientras tanto –“El síndrome de Tsuruga (Energía nuclear y violencia institucional)”- hablabas de que el secreto y la tergiversación empresarial y gubernamental sobre los riesgos ambientales y sanitarios de determinadas actividades industriales” había sido puestos en evidencia de forma notoria durante un accidente nuclear en otra central japonesa, en la Tsuruga. En esta ocasión, entre el 10 de enero y el 8 de marzo de 1981, ocurrieron fugas de líquidos radiactivos, pasando unos 40.000 litros desde los depósitos de residuos de la central a las cloacas de la vecina ciudad de Tsuruga, donde entonces vivían unas 100.000 personas. El accidente, entonces el más grave desde el comienzo de la nuclearización nipona, no fue conocido por los habitantes de la ciudad, ni por la ciudadanía en general, hasta el 20 de abril; aproximadamente, unos 100 días de su inicio. De hecho, se ha sabido posteriormente, la empresa propietaria de la central, la Compañía Japonesa de Energía Atómica, conocía perfectamente los hechos desde el principio e hizo todo lo posible para ocultarlos.
Admitámoslo, Salvador. Mal que nos pase, y desde hace ya tiempo, los tiempos no están cambiando. En España, durante la transición, no hubo ruptura; en muchos otros temas esenciales, tampoco. La mentira no sólo es el usual lenguaje de algunos dirigentes políticos sino también la jerga básica de las grandes corporaciones.
Nota:
[1] TBq: terabecquerelio. 1 TBq = 1012 Bq, es decir un billón de becquerelios.
http://www.rebelion.org
lunes, 7 de marzo de 2011
1 de cada 10 adultos tiene algún daño renal.
En Argentina hay más de 2 millones de personas no saben que tienen enfermedad renal crónica
En Argentina hay más de 25.000 pacientes en diálisis, 2.000.000 de personas no saben que padecen enfermedad renal crónica y 1 de cada 10 adultos tiene algún grado de daño renal.
Por tal motivo, especialistas destacaron el rol que juegan la lesión renal y su relación con el incremento de la enfermedad cardiovascular, que es la causa más frecuente de morbilidad y mortalidad en todo el mundo.
Al conmemorarse el próximo jueves el "Día Mundial del Riñón", los expertos destacaron la necesidad de concientizar a la comunidad sobre la importancia de la prevención de la enfermedad renal y su impacto sobre la enfermedad cardiovascular.
El "Día Mundial del Riñón" es un evento patrocinado por la Sociedad Internacional de Nefrología (ISN) y la Federación Internacional de Fundaciones Renales (IFKF).
Desde su inicio en 2006, el Día Mundial del Riñón ha crecido hasta volverse el evento más ampliamente celebrado a nivel mundial asociado con la enfermedad renal y el más exitoso esfuerzo para generar conciencia y estimular tanto la detección temprana como la intervención a tiempo sobre la enfermedad renal crónica.
Si bien en el caso de Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay, el Día Mundial del Riñón 2011 se celebrará el próximo 12 de Mayo (fecha avalada por la Sociedad Argentina de Nefrología y por la Sociedad Latinoamericana de Nefrología e Hipertensión Arterial SLANH).
Este año, bajo el lema "Proteja sus riñones, Salve su Corazón" se intenta llamar la atención sobre el importante rol que juegan la lesión renal y su relación con el incremento de la enfermedad cardiovascular, que es la causa mas frecuente de morbilidad y mortalidad en todo el mundo.
En la actualidad, se considera a ambas dolencias manifestaciones de la misma enfermedad en distintos órganos, el corazón, las arterias y el riñón, y en consecuencia deben ser atendidas de manera integrada y complementaria por las dos especialidades.
La atención sobre los riñones puede ciertamente mejorar a largo plazo los resultados, y debería ser un componente central de cualquier estrategia de salud tendiente a reducir la enorme carga que significan estos males crónicos.
La enfermedad renal crónica ha sido catalogada como una epidemia mundial por la Organización Mundial de la Salud, por su notable impacto sanitario, social y económico y continúa siendo un grave problema de salud.
En Argentina existe una realidad alarmante ya que más del 50 por ciento de los pacientes ingresan a diálisis en condiciones de urgencia con el consiguiente incremento de la morbi-mortalidad e importante deterioro de la calidad de vida.
Las enfermedades no transmisibles en nuestro país explican más del 60 por ciento de las muertes, y dentro de ellas las cardiovasculares representan 34,2 por ciento de las muertes.
La presencia de ERC significativamente incrementa el riesgo de sufrir un evento cardiovascular, más aún en presencia tanto de diabetes como de hipertensión arterial.
A través del examen médico y de simples determinaciones de laboratorio de bajo costo, en aquellos individuos que están en riesgo, ya sea por su edad o por sus condiciones clínicas (diabéticos, hipertensos, con antecedentes personales o familiares) se puede conocer el estado y función de los riñones y al mismo tiempo, su riesgo cardiovascular. Dicha evaluación permitirá establecer estrategias de tratamiento que permitan prevenir o retardar tanto el daño renal como el del aparato cardiovascular, evitando principalmente infartos cardíacos, accidentes cerebrovasculares, o alteraciones neurológicas y lesiones de arterias de los miembros inferiores.
En Argentina hay más de 25.000 pacientes en diálisis, 2.000.000 de personas no saben que padecen enfermedad renal crónica y 1 de cada 10 adultos tiene algún grado de daño renal.
Por tal motivo, especialistas destacaron el rol que juegan la lesión renal y su relación con el incremento de la enfermedad cardiovascular, que es la causa más frecuente de morbilidad y mortalidad en todo el mundo.
Al conmemorarse el próximo jueves el "Día Mundial del Riñón", los expertos destacaron la necesidad de concientizar a la comunidad sobre la importancia de la prevención de la enfermedad renal y su impacto sobre la enfermedad cardiovascular.
El "Día Mundial del Riñón" es un evento patrocinado por la Sociedad Internacional de Nefrología (ISN) y la Federación Internacional de Fundaciones Renales (IFKF).
Desde su inicio en 2006, el Día Mundial del Riñón ha crecido hasta volverse el evento más ampliamente celebrado a nivel mundial asociado con la enfermedad renal y el más exitoso esfuerzo para generar conciencia y estimular tanto la detección temprana como la intervención a tiempo sobre la enfermedad renal crónica.
Si bien en el caso de Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay, el Día Mundial del Riñón 2011 se celebrará el próximo 12 de Mayo (fecha avalada por la Sociedad Argentina de Nefrología y por la Sociedad Latinoamericana de Nefrología e Hipertensión Arterial SLANH).
Este año, bajo el lema "Proteja sus riñones, Salve su Corazón" se intenta llamar la atención sobre el importante rol que juegan la lesión renal y su relación con el incremento de la enfermedad cardiovascular, que es la causa mas frecuente de morbilidad y mortalidad en todo el mundo.
En la actualidad, se considera a ambas dolencias manifestaciones de la misma enfermedad en distintos órganos, el corazón, las arterias y el riñón, y en consecuencia deben ser atendidas de manera integrada y complementaria por las dos especialidades.
La atención sobre los riñones puede ciertamente mejorar a largo plazo los resultados, y debería ser un componente central de cualquier estrategia de salud tendiente a reducir la enorme carga que significan estos males crónicos.
La enfermedad renal crónica ha sido catalogada como una epidemia mundial por la Organización Mundial de la Salud, por su notable impacto sanitario, social y económico y continúa siendo un grave problema de salud.
En Argentina existe una realidad alarmante ya que más del 50 por ciento de los pacientes ingresan a diálisis en condiciones de urgencia con el consiguiente incremento de la morbi-mortalidad e importante deterioro de la calidad de vida.
Las enfermedades no transmisibles en nuestro país explican más del 60 por ciento de las muertes, y dentro de ellas las cardiovasculares representan 34,2 por ciento de las muertes.
La presencia de ERC significativamente incrementa el riesgo de sufrir un evento cardiovascular, más aún en presencia tanto de diabetes como de hipertensión arterial.
A través del examen médico y de simples determinaciones de laboratorio de bajo costo, en aquellos individuos que están en riesgo, ya sea por su edad o por sus condiciones clínicas (diabéticos, hipertensos, con antecedentes personales o familiares) se puede conocer el estado y función de los riñones y al mismo tiempo, su riesgo cardiovascular. Dicha evaluación permitirá establecer estrategias de tratamiento que permitan prevenir o retardar tanto el daño renal como el del aparato cardiovascular, evitando principalmente infartos cardíacos, accidentes cerebrovasculares, o alteraciones neurológicas y lesiones de arterias de los miembros inferiores.
Aniversario Nacimiento del Dr. Ramón Carrilo
Lunes 7 de Marzo de 2011 | Se cumplen 105 años del nacimiento del destacado sanitarista santiagueño.
Desde el Ministerio de Salud y Desarrollo Social, se destaca la figura del Dr. Ramón Carrillo al cumplirse 105 años de su nacimiento y se ratifica el compromiso con su legado: una doctrina sanitaria profundamente humanista y enfocada hacia lo social. Un médico tan reconocido y valorado en toda su carrera, por el compromiso y la lealtad con su trabajo. Hoy es ejemplo de muchos profesionales, que buscan a lo largo de su profesión parecerse un poco a esa vida dedicada a la medicina de una manera tan noble.
En un nuevo aniversario del nacimiento del Dr. Carrillo, el Ministro de Salud, Dr. Luis Martínez, afirmó que “sus ideas y su gestión como primer ministro de Salud de la Argentina marcó un antes y un después en la salud pública y, a pesar de que fue perseguido, enjuiciado y hasta olvidado durante muchos años, su legado perdura y hoy se reconoce el inmenso valor de su doctrina: la salud como un derecho de todos, como pilar para la construcción de un país más sano, más desarrollado y más justo”.
Martínez recordó que el profesional basó la estrategia sobre tres pilares: la medicina preventiva, la medicina social y la atención materno-infantil, además de dividir la Argentina en regiones sanitarias, lo que ayudó a desarrollar una estrategia específica para cada zona de acuerdo con sus problemáticas particulares. Diseñó también un sistema de mejoramiento de la infraestructura hospitalaria y sanitaria y con ese concepto se hicieron 234 hospitales y policlínicos gratuitos en el país para atender a todos, sin discriminación. “Su política hizo que la salud llegara a todos los rincones del país con campañas de vacunación, atención médica y que los beneficios de los logros científicos fueran gozados, por primera vez, por ciudadanos del país que nunca habían recibido ninguna clase de atención médica”, resaltó el ministro.
Trayectoria profesional y pública del eminente médico
Cabe recordar que durante la gestión del Dr. Carrillo como ministro de Salud Pública, entre 1946 y 1954, duplicó el número de camas hospitalarias existentes en el país, pasando de 66.300 a 132.000. También se consiguió terminar con epidemias como el tifus y la brucelosis, en tanto que la mortalidad infantil se redujo, como nunca antes en la historia, de 90 a 56 por mil.
Ramón Carrillo nació el 7 de marzo de 1906, en Santiago del Estero, recibió su título de médico en Buenos Aires, luego estudió en Europa y falleció el 20 de diciembre de 1956, pobre, enfermo y exiliado en Belem do Pará, al norte de Brasil.
En 1937 recibió el Premio Nacional de Ciencias. Y en 1939, se hizo cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central.
En 1946, Perón le propuso quedar al frente de la Secretaría de Salud Pública. Ese organismo se convertiría tres años después en el primer Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación. Una de las frases que por esa época marcaron el camino trazado por Carrillo fue al pueblo”.“Sólo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles
Tras el derrocamiento de Perón, la dictadura de Aramburu lo acusó de enriquecimiento ilícito y, a pesar de tratarse de una infamia que el médico comprobó acabadamente, sufrió confiscaciones y una persecución que lo obligó a abandonar el país para exiliarse en Belén do Pará, Brasil, donde se dedicó trabajar como médico rural hasta su muerte, provocada por un accidente cerebrovascular, a los 50 años de edad.
En julio del año pasado, y con la presencia de la Presidenta de la Nación, se inauguró en nuestra ciudad capital un busto en homenaje al doctor Ramón Carrillo, colocado en la plazoleta de calle Sarmiento y avenida Belgrano. Mientras se realizaba la ceremonia, la Presidenta aseguró que el Dr. Ramón Carrillo “hizo un trabajo ejemplar y fue un sanitarista de ley”.
Una frase muy difundida de este gran profesional santiagueño que marca su ideario es “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.
Desde el Ministerio de Salud y Desarrollo Social, se destaca la figura del Dr. Ramón Carrillo al cumplirse 105 años de su nacimiento y se ratifica el compromiso con su legado: una doctrina sanitaria profundamente humanista y enfocada hacia lo social. Un médico tan reconocido y valorado en toda su carrera, por el compromiso y la lealtad con su trabajo. Hoy es ejemplo de muchos profesionales, que buscan a lo largo de su profesión parecerse un poco a esa vida dedicada a la medicina de una manera tan noble.
En un nuevo aniversario del nacimiento del Dr. Carrillo, el Ministro de Salud, Dr. Luis Martínez, afirmó que “sus ideas y su gestión como primer ministro de Salud de la Argentina marcó un antes y un después en la salud pública y, a pesar de que fue perseguido, enjuiciado y hasta olvidado durante muchos años, su legado perdura y hoy se reconoce el inmenso valor de su doctrina: la salud como un derecho de todos, como pilar para la construcción de un país más sano, más desarrollado y más justo”.
Martínez recordó que el profesional basó la estrategia sobre tres pilares: la medicina preventiva, la medicina social y la atención materno-infantil, además de dividir la Argentina en regiones sanitarias, lo que ayudó a desarrollar una estrategia específica para cada zona de acuerdo con sus problemáticas particulares. Diseñó también un sistema de mejoramiento de la infraestructura hospitalaria y sanitaria y con ese concepto se hicieron 234 hospitales y policlínicos gratuitos en el país para atender a todos, sin discriminación. “Su política hizo que la salud llegara a todos los rincones del país con campañas de vacunación, atención médica y que los beneficios de los logros científicos fueran gozados, por primera vez, por ciudadanos del país que nunca habían recibido ninguna clase de atención médica”, resaltó el ministro.
Trayectoria profesional y pública del eminente médico
Cabe recordar que durante la gestión del Dr. Carrillo como ministro de Salud Pública, entre 1946 y 1954, duplicó el número de camas hospitalarias existentes en el país, pasando de 66.300 a 132.000. También se consiguió terminar con epidemias como el tifus y la brucelosis, en tanto que la mortalidad infantil se redujo, como nunca antes en la historia, de 90 a 56 por mil.
Ramón Carrillo nació el 7 de marzo de 1906, en Santiago del Estero, recibió su título de médico en Buenos Aires, luego estudió en Europa y falleció el 20 de diciembre de 1956, pobre, enfermo y exiliado en Belem do Pará, al norte de Brasil.
En 1937 recibió el Premio Nacional de Ciencias. Y en 1939, se hizo cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central.
En 1946, Perón le propuso quedar al frente de la Secretaría de Salud Pública. Ese organismo se convertiría tres años después en el primer Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación. Una de las frases que por esa época marcaron el camino trazado por Carrillo fue al pueblo”.“Sólo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles
Tras el derrocamiento de Perón, la dictadura de Aramburu lo acusó de enriquecimiento ilícito y, a pesar de tratarse de una infamia que el médico comprobó acabadamente, sufrió confiscaciones y una persecución que lo obligó a abandonar el país para exiliarse en Belén do Pará, Brasil, donde se dedicó trabajar como médico rural hasta su muerte, provocada por un accidente cerebrovascular, a los 50 años de edad.
En julio del año pasado, y con la presencia de la Presidenta de la Nación, se inauguró en nuestra ciudad capital un busto en homenaje al doctor Ramón Carrillo, colocado en la plazoleta de calle Sarmiento y avenida Belgrano. Mientras se realizaba la ceremonia, la Presidenta aseguró que el Dr. Ramón Carrillo “hizo un trabajo ejemplar y fue un sanitarista de ley”.
Una frase muy difundida de este gran profesional santiagueño que marca su ideario es “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.
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